Testimonios como el de Russell e Ian muestran la desesperanza crónica y el impacto mental de las largas condenas en presos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)Testimonios como el de Russell e Ian muestran la desesperanza crónica y el impacto mental de las largas condenas en presos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un nuevo estudio analiza cómo viven los presos mayores condenados a cadena perpetua

2026/01/19 01:55
El estudio revela los desafíos emocionales, físicos y sociales de los presos mayores condenados a cadena perpetua en el Reino Unido

En el Reino Unido, el envejecimiento de la población penitenciaria plantea preguntas inéditas sobre derechos humanos, salud y dignidad. El aumento de reclusos mayores, en especial los condenados a cadena perpetua, ha impulsado un debate sobre la esperanza tras los muros de la prisión.

Un reciente estudio de la Universidad de Manchester, divulgado por The Conversation, examina cómo viven estos internos y cuáles son los desafíos que enfrentan tanto ellos como el sistema.

La investigación, dirigida por Marion Vannier, se desarrolló en tres cárceles inglesas de distintos regímenes. Se emplearon diarios personales, entrevistas y observaciones, además de la visión del personal penitenciario. Según The Conversation, la esperanza, o su ausencia, marca la rutina de los internos de más de 50 años, con mínimas expectativas reales de excarcelación.

El “derecho a la esperanza”, reconocido por la jurisprudencia europea desde la sentencia Vinter y otros contra el Reino Unido, exige la posibilidad de revisión y liberación para los condenados a perpetuidad.

Sin embargo, el estudio muestra que este derecho queda lejos de la experiencia cotidiana de los prisioneros mayores, cuya edad y salud precaria los deja sin opciones viables de recuperar la libertad. Así, la esperanza se convierte en soporte o carga emocional ante condenas largas y recursos limitados.

Envejecimiento y salud: retos crecientes

El envejecimiento de la población penitenciaria británica plantea interrogantes sobre derechos humanos, dignidad y atención sanitaria en cárceles (Imagen Ilustrativa Infobae)

El envejecimiento agrava la situación en las cárceles británicas. Según el Ministerio de Justicia, citado por The Conversation, en marzo de 2025 el 18% de los presos de Inglaterra y Gales tenía 50 años o más. Los condenados a cadena perpetua representan el 10% del total y su número crece cada año.

El hacinamiento y el aumento de la demanda de cuidados paliativos convierten a los reclusos ancianos en un serio desafío para la gestión penitenciaria y sanitaria. Casi nueve de cada diez muertes naturales en prisión en 2025 afectaron a internos mayores, y la cifra de quienes requieren cuidados paliativos sigue creciendo.

El testimonio de los internos muestra la dimensión humana del problema. Dean, de 62 años, calcula que cumplirá 80 antes de ser considerado para libertad condicional: “El encarcelamiento tiene una forma de deprimirte, así que no soy optimista”, afirmó. Trevor, de 73 años, enfrenta problemas de salud y duda que pueda salir.

Russell, de 68 años, expresó: “No tengo ninguna esperanza de salir de la cárcel. Eso es todo”. Ian, tras 33 años privado de libertad, vincula la falta de expectativas a suicidios: “He conocido a presos que se han suicidado; no tenían esperanza ni expectativas, solo miseria y desesperación”, apuntó en su diario, citado por The Conversation.

El derecho a la esperanza, avalado por la jurisprudencia europea, queda lejos de la experiencia cotidiana de los internos de más de 50 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

La institucionalización prolongada genera temor incluso ante la posibilidad legal de excarcelación. Roy reconoce que no desea salir, temeroso de perder la estructura que la cárcel le ofrece. Kevin, de 73 años, percibe el mundo exterior como una amenaza por el avance tecnológico y la soledad: “Debería quedarme aquí en prisión, donde todo está regulado y estructurado, en lugar de ir a algo que me resulta completamente ajeno”. En tanto, Gary teme cómo sobreviviría fuera tras años de encierro y la marca de exconvicto.

Estrategias de supervivencia emocional

Algunos describen el abandono progresivo de la esperanza como defensa ante el sufrimiento. Barry, de 65 años y más de cuatro décadas en prisión, reflexiona: “La esperanza es una paradoja: puede decepcionarte o hacerte sentir que hay una posibilidad real de que sucedan cosas”.

Tras muchas decepciones, la esperanza se convierte en una carga: “Veo la esperanza como un enemigo… Pero todos tenemos esperanza… Espero salir en mi próxima libertad condicional”.

Testimonios como el de Russell e Ian muestran la desesperanza crónica y el impacto mental de las largas condenas en presos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio observa que muchos recalibran la esperanza, enfocándola en metas inmediatas y pequeñas. Para algunos, los sueños se reducen a vivir en una casa tranquila o retomar la relación familiar.

En el caso de Russell, espera “algún día ser liberado y vivir los años que quedan en un pequeño bungalow… Tener un gato”. Mientras que Carl encuentra sentido al planificar actividades diarias, aunque sean imaginarias.

Este desplazamiento de la esperanza hacia metas a corto plazo refleja, según The Conversation, un cambio en el sentido del encarcelamiento prolongado de hombres mayores: la prioridad pasa de la reinserción social a la contención de personas exhaustas física y mentalmente.

La esperanza, lejos de ser un salvavidas universal, puede transformarse en detonante de angustia y deterioro mental.

Un desafío institucional

La investigación resalta el papel clave del sistema penitenciario y de la sociedad ante este fenómeno. La gestión de la esperanza —o su ausencia— incide directamente en la presión sobre la red de salud pública y los servicios sociales, y define la capacidad estatal para garantizar la dignidad y la reintegración.

La gestión institucional de la esperanza es clave para la dignidad y la reintegración social de los reclusos de edad avanzada tras su excarcelación (VisualesIA)

Como subraya The Conversation, la manera en que las instituciones aborden la esperanza será decisiva para que los reclusos logren reinsertarse tras su excarcelación o enfrenten necesidades persistentes.

Envejecer en prisión implica perder expectativas, sufrir deterioro físico y emocional, y redefinir la esperanza constantemente. La falta de alternativas reales y la prolongación de las penas intensifican el sufrimiento de los internos mayores. La gestión institucional de la esperanza es un reto central para la dignidad y el futuro de este grupo vulnerable.

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