El 15 de marzo próximo se realizará la elección en el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires para definir el nuevo presidente de esa estructura, hoy liderada por Máximo Kirchner. El hijo de la expresidenta Cristina Kirchner, resistido internamente y sin votos propios, pondrá en juego un sitial sin ninguna relevancia para el público en general, pero clave para dirimir las peleas intestinas por los puestos en las listas de candidatos justicialistas. Se trata de una clara disputa por el control de la “lapicera” y del poder en el corazón del peronismo: el territorio bonaerense.
En momentos de especulaciones sobre nombres para conducir el partido a nivel provincial, la contienda electoral no ofrece novedades que permitan avizorar que el peronismo vaya a aprovechar la oportunidad para transformarse en una fuerza verdaderamente democrática en vez de seguir siendo un nepotista coto de caza, sin renovación alguna y con ideas vetustas y estrepitosamente fracasadas.
El 8 del mes próximo es el plazo límite para la presentación de candidatos. Si bien el escenario es de fuerte enfrentamiento entre Máximo Kirchner y el gobernador Axel Kicillof, no se puede descartar que, como en ocasiones anteriores, el peronismo anude una unidad a los ponchazos intentando disimular la pelea de egos y de poder que lo desangra, entre los discípulos de Cristina Kirchner y su expupilo predilecto, Kicillof.
Por otra parte, resulta interesante recordar que, en sus elecciones internas, el peronismo suele dar de baja listas incómodas por cuestiones formales, como la escasez de avales o datos faltantes en las planillas de inscripción, solo con el fin de evitar que se realicen elecciones que puedan incomodar al cacique político de turno. Eso pasó cuando el caudillo riojano Ricardo Quintela (recordado por actitudes como la de repartir dinero en efectivo a los electores de su provincia antes de las elecciones de 2023) intentó enfrentar a Cristina Kirchner en internas del PJ nacional, en un caso que escaló hasta la Justicia. En otras ocasiones, las respectivas juntas electorales partidarias descartaron listas para eludir internas de legisladores de todos los niveles.
En el hipotético caso de que no hubiera lista única, las alternativas que ofrece el peronismo provincial son nombres repetidos de un fiasco consumado. La sola posibilidad de que Máximo Kirchner intente la reelección exime de mayores comentarios. Su nula capacidad política ha quedado demostrada en el Congreso. Las alternativas del camporismo, según se especula, son intendentes como Leonardo Nardini, de Malvinas Argentinas, alineado con Cristina Kirchner y presidente de la junta electoral partidaria, o Federico Otermín, de Lomas de Zamora, vinculado a Máximo Kirchner y, sobre todo, al exintendente de ese distrito Martín Insaurralde, un escandaloso personaje investigado por sus gastos fastuosos cuando era jefe de Gabinete provincial. Nada positivo puede surgir de estas siniestras opciones.
El sector de Kicillof admite tener como opción principal para intentar presidir el PJ provincial a la vicegobernadora Verónica Magario. La también titular del Senado bonaerense es, junto a Fernando Espinoza, la referente del peronismo en La Matanza, donde se han alternado el gobierno en los últimos casi 20 años (desde 2007, Espinoza tuvo cuatro mandatos y Magario, uno). La Matanza, el distrito más relevante electoralmente de la provincia, es un territorio arrasado por la inseguridad y la droga y nulo en cuanto a crecimiento. Años de peronismo lo hundieron en una dinámica en la que se siguen imponiendo la pobreza y la marginalidad.
Como ya hemos dicho desde este espacio editorial, es impensable que el peronismo pueda volver a disputar el gobierno nacional mientras siga compuesto por una dirigencia envuelta en prácticas corruptas, que en algunos casos ya han derivado en condenas efectivas, como la que Cristina Kirchner purga en un departamento del barrio porteño de Constitución. La elección del PJ bonaerense será solo un capítulo más en la larga saga de disputas de poder en el partido. Los referentes del peronismo, si en verdad están preocupados por refundar su fuerza, deberían pensar cómo hacerlo con vistas a transformarla en un moderno instrumento positivo en la construcción de un país mejor. De lo contrario, seguirá siendo una pesadísima ancla que obstaculiza el desarrollo de la Argentina.


