En un mundo donde hay mucha gente pesimista, nosotros tenemos el libre albedrío que nos permite elegir tener cada día una visión positiva frente a la vida. Voluntariamente, podemos convertirnos en personas entusiastas que siempre miran hacia adelante y creen que lo mejor está por venir.
“Sí, pero eso es fácil cuando todo marcha bien en la vida”, tal vez pienses. No necesariamente. Conozco a muchas personas que deciden ser positivas incluso en las circunstancias más adversas. Todo es una cuestión de actitud. Vos decidís si vas a quejarte, lamentarte o criticar a otros; y también decidís no hacerlo.
Todos nacemos con un propósito único y especial, que vamos descubriendo con el paso de los años. Pero para cumplir ese propósito necesitamos enfocarnos en todo lo que es bueno, verdadero y digno de admiración. Eso se logra eligiendo ocupar la mente en cosas positivas, sin importar lo que otros elijan pensar o sentir. ¿Has prestado atención a tus pensamientos últimamente?
Ser positivo es una actitud frente a la vida que nos llena de vitalidad. Por el contrario, ser negativo —como explican desde la medicina— afecta nuestra salud y nos roba años de vida. Pase lo que pase, elegí siempre el positivismo. Pero recordá que todos los seres humanos tenemos tanto pensamientos positivos como pensamientos negativos. Y si bien podemos escoger qué pensar en cada momento, ni vos ni yo somos lo que pensamos.
Podemos observar lo que ocurre en nuestro interior y reconocerlo con claridad: “Ahora mismo estoy pensando esto…” o “Ahora mismo estoy sintiendo esto…”. Esa capacidad nos permite examinarnos y hacer, de manera consciente, los ajustes necesarios en nuestros pensamientos y emociones.
Por eso, si alguien nos maltrata, nos abusa o nos roba, nuestra mente queda lastimada y lo sentimos profundamente. Pero es justamente en esos momentos cuando más necesitamos recordar que no somos ni lo que sentimos ni lo que pensamos. Hay en nosotros un espíritu al que nadie tiene acceso ni puede dañar. Desde ese lugar interno, podemos elegir en qué enfocarnos. Es allí donde se encuentra nuestra parte más fuerte y saludable, con el potencial necesario para levantarnos todas las veces que haga falta y seguir adelante, aun después de haber sido heridos.


