No fue el primero en la nutrida galería de personajes creados por Roberto Gómez Bolaños, pero sí el que le abrió de par en par las puertas de la fama internacional; más tarde, con El Chavo, se consolidaría su genio e ingenio perpetuamente.
El Chapulín Colorado, aquel que era más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón y más noble que una lechuga, debutó el 3 de diciembre de 1970 dentro del programa Los supergenios de la mesa cuadrada —primer éxito televisivo de Chespirito—, aunque su génesis había sido anterior. Es más, es sabido que su creador se lo había ofrecido a varios colegas sin éxito hasta que, finalmente, decidió probarlo él.
El éxito fue tan inmediato que duró 22 años y 300 aventuras, hasta que en el episodio “La empleada es una bruja” de 1992, un Chapulín entrado en años acudió por última vez a un llamado de ayuda. Así, Gómez Bolaños se despidió definitivamente de un personaje, que no solo lo había hecho famoso a él, sino que también le había abierto las puertas de América Latina a la producción audiovisual mexicana.
Sin embargo, casi 60 años después de su debut, el Chapulín Colorado renace en formato animado gracias a la serie Los Colorado -cuya primera temporada de 10 episodios ya está disponible en HBO Max y Cartoon Network. De esta manera, el héroe torpe, cobarde pero con un corazón tan grande que no le cabe la “CH” demuestra que tiene resto suficiente para conquistar a una nueva generación y, al mismo tiempo, despertar los mejores recuerdos en padres y abuelos.
La apuesta es grande, porque no se trata de reciclar sus historias clásicas -como hizo la serie animada de 2015-, sino de explorar un nuevo concepto: Los Colorado construye un universo en el que el personaje tiene mujer, hijos y madre. Es decir, no solo enfrenta a los villanos o viaja en el tiempo y el espacio, sino que también lidia con las tareas de cualquier padre de familia. Además, para trazar un puente con la propuesta original, estas nuevas aventuras develan algunos misterios que, hasta ahora, no tenían respuesta: ¿Cómo hacía para aparecer en cualquier lugar cuando alguien decía: “Oh, ¿y ahora quién podrá ayudarme?”?, ¿Cuál es el origen de las pastillas de chiquitolina o el Chipote chillón? Cotidianeidad, fantasía y nostalgia, perfectamente entremezclados.
Lo singular y abarcativo del planteo tiene lógica si se toma en cuenta que en su primera génesis televisiva, el héroe ya se enfrentaba con marcianos, vampiros o sprays invisibilizadores. Es decir, el potencial del Chapulín fue y es inagotable; solamente es necesario saber llevarlo adelante.
Y para eso está el ojo sagaz de Roberto Gómez Fernández, hijo de Gómez Bolaños, que pasó de ser un joven colaborador de su padre a productor ejecutivo y celoso protector de su patrimonio, a través del Grupo Chespirito.
—Durante muchos años fuiste la mano derecha de tu papá, una persona muy cercana a él, no solo desde lo personal, sino también desde lo profesional. ¿Qué responsabilidad sentías a la hora de continuar su legado?
—Es un privilegio enorme, una satisfacción cuando veo que las cosas suceden, pero por supuesto, también una enorme responsabilidad. Siempre hago las cosas pensando: “¿Qué diría él?”. Y, de hecho, es cuando más lo extraño. No solo como hijo, sino también por las charlas profesionales que teníamos. Me hace mucha falta mi padre. Todavía siento que tengo que conectar con él, y no lo digo de manera esotérica, sino en el sentido de tratar de traducir qué es lo que pretendería ante cada paso nuestro.
—¿Cuál fue tu mayor preocupación a la hora de no traicionar el legado de tu padre?
—Mira, siempre que movemos algo de lo que está diseñando originalmente, hay que hacerlo con mucha precaución, pero a la vez entendemos que también debemos atrevernos. Los planteamientos de elementos nuevos deben tener una concordancia con el original, que es muy complicado de lograr: hay que respetar la esencia, que siga siendo el mismo personaje que diseñó el autor. Pero en este caso se trataba de un cambio muy importante porque ahora el Chapulín Colorado vive en familia, tiene una esposa, un hijo, una hija y a su madre, que también convive con ellos. Es un cambio drástico. Nos tomó meses explorar y averiguar de qué forma hacerlo. Y en ese tiempo sentimos que había un mundo extraordinariamente rico para seguir explotando al personaje, y en circunstancias en las que nunca lo habíamos visto. Nos llevó tiempo, pero creo que dimos en el clavo.
—Mirando la serie animada, y habiendo leído la autobiografía de tu padre, noto una similitud entre la relación de la familia del Chapulín con la tuya. ¿Es así?
—Sí, por supuesto. Como también ocurre en la serie Sin querer, queriendo. Lo que te puedo decir es que Los Colorado, en un punto refleja también nuestra vida real. Chespirito era esa personalidad pública de nivel internacional, que al mismo tiempo llegaba a su casa y se encontraba con niños y niñas, a las que ayudaba a hacer la tarea. Es como este superhéroe, que tiene que pelear con los grandes villanos, irse a otros planetas o incluso cambiar de épocas, y después tener una vida familiar. Ese contraste de circunstancias, en un personaje como el Chapulín, es riquísimo para explorar. Al mismo tiempo que es lo que le sucedía a mi padre en la vida real. No hay personaje mejor para crear comedia que El Chapulín Colorado cuando tiene que lidiar con esas dos cosas.
—¿A Chespirito en algún momento se le había ocurrido la idea de extender el universo familiar de El Chapulín Colorado?
—Como tal, no, pero a lo largo de su historia sí hubo guiños que tenían que ver con familiares. También existieron proyectos que no se pudieron desarrollar, como por ejemplo una película. Estuvo la idea, pero fue imposible llevarla a cabo por un tema de presupuesto. El Chapulín Colorado era un superhéroe, entonces necesitabas que hubiera mucha acción. Lo que se ve en la serie era lo más que se podía dar y hubo ideas que se quedaron en el camino. De todos los que hizo, el Chapulín era el personaje con el que más experimentaba mi padre, con el que más se podían pensar locuras. Porque al mismo tiempo que ayudaba a una señora que tenía una fuga de gas en la casa, también se iba al espacio, a luchar con piratas en Marte.
—Entiendo que Los Colorado tiene una consultoría de guion muy precisa entre las diferentes empresas productoras involucradas. Siendo que el trabajo de tu papá siempre fue muy autónomo y personal. ¿No puede darse un choque de intereses cuando hay tanta gente opinando?
—Efectivamente, alrededor de esto hay muchos ojos, expertos en diferentes áreas, dando sugerencias importantes. Y sí, siempre tendré la precaución, para no decir temor, de estar atento a que haya algo que mi padre no hubiera pensado. Pero creo que también es parte del reto. A lo mejor hay algo que a él no se le ocurrió, pero que le conviene a su obra. Estas visiones diferentes, en la medida en que aporten, son siempre bienvenidas. Por supuesto, luego de pasar por nuestro filtro, para poder ubicarlo dentro de lo que mi padre aceptaría. Lo pienso como ideas que pueden enriquecer su obra, y esa es mi responsabilidad, que el legado siga con la forma de enriquecimiento que le venga bien, y que al mismo tiempo mantenga la misma esencia. Pero sí, sin duda es un reto grande.
—Sin contar el respeto de los fans, que también están atentos a cómo se ha reconvertido uno de sus más grandes ídolos de la infancia.
—Es como se debe hacer. Tú debes poder identificar al personaje que se conoce, con los mismos principios, con el mismo perfil. No es exactamente el mismo estilo de comedia, porque Los Colorado tiene unos códigos diferentes. No me gusta decir más moderna porque la comedia es universal y atemporal, pero tiene elementos más actuales. Pero también van a encontrar personajes, situaciones y muchas referencias al programa de televisión y a la historia del personaje. Por ejemplo, para el tema de entrada quisimos encontrar algo más actual, que conecte mejor con las nuevas audiencias. Pero la canción que todos recuerdan, que fue obra de mi padre, la van a encontrar referenciada dentro del contenido. De alguna manera aparece por ahí, a modo de guiño para los fans.
—Hablando de los fans: durante 2025 y lo que va de 2026, muchos seguidores y coleccionistas de la serie en toda América Latina descubrieron episodios de El Chavo y de El Chapulín Colorado que se creían perdidos. Pero todavía hay muchos que no aparecen, como el piloto de El Chavo, entre otros. ¿Tenés acceso a ese material, o también están desaparecidos para ustedes?
—Para nosotros también están perdidos. Estamos seguros de que están en algún lugar del mundo, pero no sabemos dónde. Hablamos de los 70 y de los 80, donde no había ni el mismo cuidado ni la misma tecnología que ahora. Estoy al tanto de que se han encontrado algunos y me encantaría que aparecieran. En Los Colorado, los fans van a encontrar varias referencias de esos episodios perdidos, que hemos incrustado a manera de rescate. Esta serie para mí es un enorme placer, porque demuestra que el personaje es atemporal y universal. El tiempo nos ha demostrado que también pasa esa prueba. En lo personal, me genera mucho orgullo y satisfacción poder estar a cargo de este proyecto. Por mí, pero especialmente por mi padre. Estoy seguro de que Los Colorado es algo que a él le habría gustado mucho hacer.

