“En 48 años viviendo en el campo nunca vi algo así”. Lo dice Martín Rikesi, uno de los productores afectados por el fuerte temporal de granizo que anoche arrasó sus cultivos. En cuestión de minutos, la piedra y el viento dejaron en el suelo todo lo que tenía sembrado. Las 80 hectáreas agrícolas de su establecimiento quedaron completamente destruidas. El maíz, que estaba a menos de una semana de comenzar la cosecha y que venía con un rendimiento estimado muy superior al promedio, terminó volcado y quebrado.
El temporal impactó en una franja ubicada entre Tortugas y Arteaga, sobre la ruta 9, en el extremo oeste del sur santafesino, muy cerca del límite con Córdoba, y también alcanzó localidades del sudeste cordobés. En esa zona, productores estiman distintos grados de daño sobre más de 2000 hectáreas, con pérdidas totales en varios lotes y reportes de animales lastimados.
Rikesi relata que la tormenta se desató en pocos minutos. Primero el viento, después la piedra. Cuando intentó reaccionar, ya la tenía encima de su campo. “Fue todo muy rápido”, contó. La descarga fue tan intensa que en pocos minutos el paisaje cambió por completo.
Como se dijo, el maíz de primera estaba prácticamente listo para cosecharse. Faltaba apenas una semana. Ya lo habían probado y venía muy bien, con rindes estimados de entre 100 y 120 quintales, cuando en la zona lo habitual es de 80 a 90. Pero la piedra no dio margen. “El maíz que estaba para cosechar no quedó nada, está todo en el piso”, describe. Las plantas, que superaban los dos metros, quedaron quebradas, acostadas y deshilachadas, como si alguien las hubiera aplastado desde arriba.
“La soja también está toda en el suelo. La de segunda desapareció. La de primera quedó en unos palitos”, relató. En los lotes de segunda, donde el maíz ya estaba en choclo y alcanzaba en las mejores partes el metro y medio, el granizo desgarró las hojas y partió los tallos. “Está todo deshilachado, no quedó nada”, insistió. La alfalfa directamente “es como un corte de pasto al piso”, grafica. Donde había verde tupido quedó apenas una alfombra baja y golpeada.
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Pero el daño no fue solo en los cultivos. La tormenta descargó una enorme cantidad de agua en pocos minutos. Las canaletas de los galpones se taparon con ramas, hojas y piedras. El agua empezó a desbordar. Se inundaron sectores de la casa, se perforaron persianas, estallaron vidrios. “Me tumbó un silo, me corrió otro de lugar y uno me lo arrancó de abajo del hormigón”, cuenta.
También los animales, asustados por el estruendo del viento y el golpe de la piedra, salieron corriendo, rompieron alambrados y boyeros. Algunos quedaron lastimados por el granizo.
Según productores de la zona, el fenómeno avanzó como una lengua angosta pero muy intensa que barrió campos a lo largo de varios kilómetros. Estiman distintos grados de daño sobre más de 2000 hectáreas, con pérdidas totales en varios lotes.
El temporal también afectó a Adelqui Arbusti, productor y contratista que trabaja unas 400 hectáreas entre campos propios y alquilados en ese mismo corredor productivo.
La tormenta llegó entre las 20.30 y las 21 de la noche. Primero el viento fue fuerte. Después la piedra, de tamaño importante. En su caso, prácticamente todos los lotes en los que trabaja presentan algún grado de afectación. “Hay daño muy importante en la mayoría de los campos”, señala.
Arbusti no solo perdió producción agrícola. En su establecimiento, donde también cría cerdos, la piedra cayó con tal intensidad que varios animales no resistieron. “Entre 10 y 12 animales adultos murieron”, indicó.
Además, el viento movió estructuras y generó daños materiales. Ahora, al igual que Rikesi, espera la llegada de los peritos de las aseguradoras para dimensionar oficialmente las pérdidas.
El fuerte sistema de tormentas que anoche afectó los campos santafesinos también se sintió con violencia en centros urbanos y rutas de la región. En Rosario y en el tramo de la Autopista Rosario-Córdoba, entre Armstrong y Tortugas, las intensas ráfagas de viento, el granizo y las lluvias provocaron el vuelco de varios camiones y un corte total de la circulación, además de árboles caídos y otros daños materiales que complicaron la movilidad y obligaron a la intervención de bomberos y equipos de emergencia.

