“La sentimos como una casa de campo. Nadie nos ve, es muy silenciosa y tiene mucho verde”, nos cuenta Melissa Domit –creadora de la marca homónima de blanquería para hogares y hoteles– sobre esta vivienda que acompañó el inicio de una nueva etapa en su vida. Mientras trabajaba como abogada en San Pablo, en donde nació y creció, Melissa se enamoró de su actual marido.
“Mudarme a la Argentina fue una decisión fácil, porque estaba profundamente enamorada. Nunca se me cruzó la idea de no venir; el amor pesaba más que cualquier lógica”, comparte. Ya confirmada la mudanza, hicieron varios viajes para elegir dónde vivir, y Olivos la cautivó con el río, sus calles arboladas, los clubes y los programas culturales que veía para ella y su hija de 13 años. “Acá nada era estándar, nada era nuevo, pero todo tenía sentido”, recuerda Melissa.
“En el patio había un enorme árbol de palta que las termitas arruinaron por completo. No logramos salvarlo, fue un verdadero duelo. En su lugar, plantamos dos lapachos que crecieron generosos y transformaron el espacio: sombra en verano, sol en invierno, un microclima con pájaros, orquídeas y vida”.
“El living ya tenía su techo abovedado de doble altura, pero el ladrillo al natural se imponía demasiado. Al lavarlo y llevarlo a un tono más claro, la arquitectura se volvió más amable, casi silenciosa”, nos explica Melissa.
Apenas llegada a Buenos Aires, Melissa hizo una actualización en Derecho. En sus caminatas por Recoleta siempre pasaba por La Rue de Stella, la tienda de Stella Larroudé de Piñero Pacheco y Meme Fernández Sáenz. “Sus muebles tenían un estilo que me encantaba, y todavía conservo varios. Ellas también propusieron muchos cambios en la casa, como aclarar el cielo raso y patinar las maderas para lograr una atmósfera más suave", cuenta.
“Como no encontraba textiles que me gustaran, decidí hacerlos. Creé una cápsula que me recordaba un poco a Brasil, una suerte de respuesta sensible a lo que cada ambiente me provocaba. Esa lógica le dio forma a mi marca, que creció junto con la casa”, cuenta Melissa.
Al momento de asesorar a sus clientes, cuenta que entender sus costumbres es esencial: “Tenés que encontrar algo bonito pero también práctico, que se adapte a las rutinas de la casa. No es lo mismo si planchás o no, si te molestan las arrugas o no”, dice.
Este jardín está en la parte delantera de la casa, lo que le da aún más privacidad a la vivienda. Desde un inicio, Melissa y Alejandro decidieron pintar la fachada de amarillo. ¿De qué color era antes? ¡Ya no se acuerdan!



