Apertura de las sesiones Legislativas 2026. Javier MileiApertura de las sesiones Legislativas 2026. Javier Milei

Una confirmación a la apertura económica y la desregulación; y al que no le guste, que espere el apodo

2026/03/02 11:35
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El tercer paso del presidente Javier Milei por la Cámara de Diputados para abrir las sesiones ordinarias no pasará desapercibido para el mundo empresario. Y esta vez no se trata de analizar anuncios, sino de dos cuestiones que quedaron claras.

La primera, que el rumbo de la economía con la apertura al mundo, la desregulación y el cuidado de las cuentas públicas seguirá más firme que nunca. La segunda es que los empresarios que no se adapten a este nuevo paradigma libertario y defiendan lo que él llama la “política prebendaria”, pues serán apuntados sin ningún tipo de contemplación.

Claro que hay muchos puntos que podrían ser desmenuzados y analizados del discurso de Javier Milei ante la Asamblea Legislativa, pero para hacerlo faltan datos concretos. El Presidente no ofreció detalles de los proyectos que vendrán para que la economía se mueva al ritmo necesario como para que la actividad repunte de una vez por todas.

Sin embargo, dejó en claro que no se moverá un grado de la hoja de ruta que tiene marcada. La desregulación es uno de los pilares ya no solo de su política económica, sino también de su gestión. Y a eso se suma la apertura que defendió desde varias aristas.

Sólo para resumir el punto, el Jefe de Estado recordó que, pese a las críticas, la Argentina aún es uno de los países más cerrados del mundo y que un país que no se acopló al resto de las naciones generó una industria “cara, ineficiente y con salarios, en dólares, raquíticos”.

Luis “Toto” Caputo, uno de los ovacionados

Un párrafo aparte para los largos momentos donde se refirió a dos de los grandes de verdad de la industria nacional: Paolo Rocca (Techint) y Javier Madanes Quintanilla (Fate y Aluar). Más allá de los sobrenombres, festejados por la barra libertaria que aplaudía desde los palcos y las bancas, hablar de dos pesos pesados históricamente intocables es todo un símbolo. Y no solo porque nadie jamás mencionó a Rocca como “Don Chatarrín de los tubitos caros” y a Madanes como “Gomita alumínica”, sino por lo que seguramente sucederá en el resto de los empresarios.

Los hombres de negocios en la Argentina regulada siempre han sido muy cuidadoso de sus palabras. Sucede que sus operaciones, en general, están cruzadas por una telarañas de normas que podrían cambiar su negocio en un día. Pocos se atreven a ser sinceros en público. Es posible que ahora, después de los sobrenombres y las palabras presidenciales, las voces empresaria regresen a la mesura. O al silencio, como se acostumbraron durante el kirchnerismo.

”¿Alguien quiere seguir con un modelo empobrecedor donde solo ganan los políticos corruptos y los empresarios amigos del poder a costa de los argentinos de bien? Entiendo que para un puñado de corruptos la respuesta es sí. Demás está decir que para este gobierno la respuesta es no. Si pensáramos en términos de utilitarismo político, la respuesta es clara, ya que beneficiar a un puñado de personas perjudicando a casi 48 millones de argentinos, la cuenta debería ser clara. Por eso sorprende la defensa encendida de los populistas en favor de la protección de la industria nacional subsidiada, la cual deja claro que son cómplices del saqueo de los argentinos. Muchos políticos, cuando insultaban en público a algunos de los industriales, lo hacían para negociar una coima más alta, no para rechazarla”, dijo en uno de lo párrafos sobre la industria. Todo dicho.

A diferencia de las dos veces que pasó por el mismo atril, esta será la primera vez que la composición del Congreso responde al gran triunfo legislativo que tuvo el Presidente y sus candidatos en octubre pasado.

De hecho, esta nueva arquitectura ya le entregó una ofrenda importante en este verano legislativo. Milei se paró frente a ellos con uno de sus proyectos más importantes ya aprobado: la reforma laboral, o la modernización laboral, como la llama el Gobierno.

No son pocos los que piensan que debería ser el tiempo de discusiones fundacionales en materia impositiva. La apertura económica y la competencia con los productos del exterior, el freno a la inflación y la desaparición de las decenas de tipos de cambios hicieron que cada empresario, grande, pyme o micro, se despidiera de viejos negocios más cercanos a la especulación que al corazón de la actividad de cada uno.

Ahora, todos miran los márgenes. Y entonces, la consolidación de los impuestos y las tasas en la estructura de costos de cada actividad pesa cada vez más. Un empresario puede manejar una parte importante de su negocio, ganar competitividad, invertir o competir. Pero en ese punto, allí donde recaudan Nación, provincias y municipios, no hay nada más que hacer, salvo pagar.

No hay ninguna posibilidad de hacer una reforma impositiva importante sin que las discusiones no lleguen al Congreso. Claro que desde ese recinto sólo podrían modificarse sólo los impuestos nacionales, pero en esas conversaciones con los gobernadores es imposible que no se adopten criterios que impacten también en los gravámenes provinciales y municipales.

Milei hizo una referencia al asunto y dijo que los impuesto son altos, y que la Nación hace lo suyo. Y llamó a las provincias y municipios para que también bajen los impuestos. Es difícil pensar que pueda haber modificaciones de fondo, más que alguna baja que no cambie la ecuación si no hay una convocatoria presidencial para tratar el tema en conjunto.

El capítulo económico tuvo algunos títulos, pero sin detalles. Por caso, habló de una reforma aduanera, de la privatización de los ferrocarriles de carga y de la energía y de la minería como motores de la Argentina que viene. Pero no avanzó en detalles. Y dejó algunos punteos para el campo: bajar retenciones cuando el superávit fiscal lo permita y la implementación de un régimen de propiedad intelectual para las semillas, un viejo reclamo de Estados Unidos.

No hubo detalles, apenas algunos títulos. Y la certeza que la economía abierta y desregulada será el paradigma que sirva de marco a todas las decisiones. Y al que no le guste, que espere el apodo presidencial.

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