Izolda Cela, una de las arquitectas del plan que logró alfabetizar SobralIzolda Cela, una de las arquitectas del plan que logró alfabetizar Sobral

“Milagro”: revolucionó la educación de un pueblo, llegó al Ministerio y su receta es referencia en toda América Latina

2026/03/11 02:13
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BRASILIA.-“Si no se resuelve la alfabetización inicial, el sistema siente que está ‘secando hielo’ constantemente”, afirma a LA NACION Maria Izolda Cela de Arruda Coelho, secretaria ejecutiva del Ministerio de Educación de Brasil y una de las arquitectas del plan de alfabetización del municipio de Sobral, conocido a nivel regional como el “milagro educativo”.

En apenas 10 años, Sobral, una de las localidades más pobres del noroeste de Brasil, logró revertir el analfabetismo en las escuelas. Pasó de la posición 1336 a la 1 en el principal indicador de calidad educativa del país y superó los resultados de las escuelas privadas de San Pablo.

Su revolucionario plan de alfabetización fue trasladado luego a todo el estado de Ceará y se convirtió en uno de los casos más estudiados de mejora educativa en América Latina. Con la llegada a la presidencia de Lula Da Silva, Cela y el grupo de funcionarios que trabajó a su lado en este proyecto pasaron a estar al frente del Ministerio de Educación de Brasil. La decisión buscó replicar el modelo de Sobral a nivel nacional.

El plan de alfabetización de Sobral fue trasladado luego a todo el estado de Ceará y se convirtió en uno de los casos más estudiados de América Latina

Cela es licenciada en Psicología, con especialización en Gestión Pública y Estudios en Educación Infantil, y tiene una Maestría en Gestión y Evaluación. En Sobral, fue Subsecretaria de Educación y Secretaria de Educación y después, Secretaria de Educación del Estado de Ceará. En 2015 fue electa vicegobernadora de Ceará y en 2022 se convirtió en la primera mujer en gobernar este estado norteño.

En diálogo con LA NACION, la funcionaria cuenta cómo se gestó el cambio hoy conocido como “milagro” y qué lecciones deja para otros países de la región, como la Argentina.

—¿Cuál fue el punto de partida del cambio en Ceará?

—Nuestra historia comienza en el municipio de Sobral. En Brasil tenemos tres esferas: el gobierno federal, los estados y los municipios. Cada uno tiene su nivel de gobernanza y autonomía. En educación, el municipio es el responsable de la matrícula de educación infantil y también de la enseñanza fundamental.

Empezamos el trabajo en Sobral en el año 2001. Yo era la Secretaria de Educación del municipio. Al asumir, nos encontramos con la realidad del analfabetismo dentro de las escuelas. No había solo analfabetismo de jóvenes y adultos, sino de niños que pasaban de año sin lograr alfabetizarse. En ese momento, la sociedad normalizaba como una realidad que la escuela pública era “para pobres” y no se sabía bien qué pasaba dentro. Parecía funcionar con normalidad, pero al acercarnos vimos un sistema completamente ineficiente.

Con la llegada a la presidencia de Lula Da Silva, Cela y el grupo de funcionarios a cargo del

No buscamos culpables, sino que movilizamos la responsabilidad de todos. Iniciamos un trabajo con foco en la alfabetización en la edad adecuada, porque si queríamos resolver todos los problemas a la vez, quizás no lograríamos una mejora real. Priorizamos la formación de profesores, enfocada en la práctica en el aula, y un trabajo muy fuerte con los directores de escuela, acompañamiento, evaluaciones y monitoreo.

—¿De qué manera llevaron esos ejes a la práctica?

—Primero hicimos un diagnóstico donde se constató la situación de analfabetismo de los niños que ya estaban en tercer y cuarto año.

—¿Antes no había datos?

—No. A partir de ese relevamiento, el primer acto de gestión de la secretaría fue la selección de directores, porque era muy importante para nosotros pasar el mensaje de que esos cargos serían ocupados por mérito y que no habría ningún tipo de interferencia política. Quien ocupara el cargo de director tenía compromisos que cumplir. Todo empezó de forma muy simple porque no teníamos recursos extra; era el mismo presupuesto con el que ya contaba el municipio.

Conseguimos ir construyendo con ellos esa noción de prioridad y las escuelas empezaron a movilizarse para alcanzar la alfabetización porque había consecuencias: instruimos un premio en dinero al final del año para las escuelas que alcanzaran la meta. No era una competencia entre escuelas, sino que quien llegara a la meta recibía el premio. También trabajamos con un incentivo financiero variable en el salario

de los profesores dependiendo de los resultados de su aula. Los incentivos son importantes, pero por sí solos no generan transformación.

—¿Cómo funcionaba el sistema de evaluación?

—Teníamos una red de apoyo muy fuerte y aprendimos a estructurar procesos de acompañamiento a las escuelas, monitoreo de los responsables y evaluación permanente de los niños. En Sobral empezamos de forma muy casera: grabábamos con un grabador pequeño una entrevista con cada niño para que leyera palabras y frases. Luego se volvió más complejo: debían leer textos, responder preguntas de comprensión y medíamos la fluidez, velocidad y entonación.

Hacíamos estas evaluaciones individuales y después había también evaluaciones externas que aplicaba la Secretaría a las escuelas dos veces al año, en junio y noviembre. Los datos siempre nos sirvieron para tomar decisiones y dar más apoyo a quienes más lo necesitaban; era una gestión basada en datos.

—¿Cómo lo escalaron a todo Ceará?

—Estuve en Sobral hasta 2006. En 2007, quien era alcalde de Sobral [Cid Gomes] fue elegido gobernador y me invitó a la Secretaría de Educación del estado de Ceará. Llevamos el modelo al nivel estatal a través del PAIC (Programa de Alfabetización en la Edad Adecuada) para los 184 municipios cearenses. Un diagnóstico estatal mostró que la situación en otros municipios era incluso peor que la de Sobral en su inicio.

El programa tenía cinco ejes: gestión escolar y municipal, formación de cuadros municipales, formación de profesores y evaluación. Mantuvimos la doble evaluación, una de la escuela y una externa al municipio, cuyo resultado tenía consecuencias financieras. Un cambio fundamental fue el cambio de la ley del Impuesto sobre la Circulación de Bienes y Servicios (ICMS, por sus siglas en portugués): una parte de los recursos para los municipios pasó a distribuirse en función de los resultados educativos. Esto hizo que los municipios, especialmente los más pequeños, vieran que mejorar la educación les reportaba más dinero para su presupuesto.

—¿Cuál fue la clave para que funcionara este plan? ¿Qué se hizo distinto respecto a otras políticas?

—Primero, la decisión política es muy importante. Segundo, una acción sistémica. Muchas veces hay programas de formación de profesores aislados, pero están desconectados de los otros procesos de gestión, de acompañamiento, y no tienen fuerza de transformación. Hay que atacar diversos frentes al mismo tiempo y con el foco en la alfabetización. Después, los propios secretarios me pedían avanzar hacia otras metas. El programa avanzó hacia el quinto año, el noveno y ahora hacia la jornada escolar extendida.

—¿Qué otros cambios concretos hicieron en el sistema escolar para mejorar el aprendizaje?

—Todo es importante, pero debe estar conectado con el foco: que el niño aprenda. Claro que es importante que un niño se alimente bien, pero la escuela no es un comedor, el niño tiene que aprender ahí. Por ejemplo, en Sobral los directores decían que los niños llegaban con mucha hambre y se dormían o estaban inquietos por el almuerzo, entonces pusimos un desayuno con frutas para que fueran al aula ya alimentados.

También reorganizamos la red escolar. Cuando llegué a la secretaría, había 98 escuelas. Muchas de ellas, ubicadas en zonas rurales, eran pequeñas, desorganizadas y con clases multigrado. No funcionaban. Quedaron 38 más estructuradas y garantizamos el transporte escolar. En los edificios pequeños y distantes dejamos solo educación infantil (0 a 5 años), porque es complicado transportarlos a los más pequeños, y la educación de jóvenes y adultos. Son muchas medidas necesarias, pero siempre con foco en facilitar el aprendizaje.

—¿Qué pasó con los sindicatos? ¿Cómo hicieron para integrarlos a esta transformación?

—Tuvimos algunos conflictos con la reorganización de la red, pero conversamos mucho con la comunidad para que entendieran que el objetivo era que su hijo aprendiera. Con el apoyo de las familias, todo era más fácil. En Ceará no tuvimos una oposición sindical combativa en la agenda de alfabetización, porque es una causa muy asimilable para la sociedad: nadie puede estar en contra de que los niños aprendan a leer.

—¿Es necesario que sean del mismo signo político para poder hacer una transformación así?

—Puede ser. En Ceará, además, hubo continuidad política desde 2007 hasta hoy, lo que dio sostenibilidad al proyecto. Cuando cambiaron, el compromiso ya estaba establecido. Y ahora, si llegara alguien que lo quisiera cambiar, sería muy difícil porque es algo valorado por la sociedad.

Cela moderó uno de los paneles en el Encuentro por la Alfabetización organizado por el ministerio y el Instituto Natura

—¿Cómo fue ser la primera mujer gobernadora en Ceará?

—Fui la primera vicegobernadora y la primera gobernadora. Esto muestra el tamaño del desafío de la presencia femenina en la política, que sigue siendo un ambiente muy masculino. Los hombres se sienten muy cómodos entre ellos. Es importante que las mujeres ocupemos estos espacios, no para imitarlos, sino para aportar la presencia de lo femenino para mejorar el ambiente y las relaciones. Lo más difícil es conseguir el espacio.

—¿Cómo cree que esto se puede escalar al país?

—El “Compromiso Nacional Niño Alfabetizado” está inspirado en este caso. Fui invitada por el ministro en 2023 a formar parte de la gestión. El gobierno federal actúa como coordinador, estimulador y soporte financiero para estados y municipios. Un paso importante fue definir un parámetro nacional de qué significa que un niño esté alfabetizado, algo que no existía. Antes, cada estado tenía el propio. Hoy existe una meta para cada estado y para cada municipio.

—¿Cómo se definió ese parámetro?

—Usamos una escala del Sistema de Evaluación de la Educación Básica (SAEB, por sus siglas en portugués), que es una evaluación aplicada en Brasil desde hace décadas. Y el parámetro se fijó mediante métodos que involucran a profesores experimentados de todas las regiones del país. Ellos analizan ítems y juzgan si un niño alfabetizado debe ser capaz de responderlos. Es un consenso entre docentes y estadísticos. Este estándar no es estático ni ideal; debería avanzar a lo largo del tiempo. Pero, si se coloca una meta muy avanzada, termina siendo desestimulante e inalcanzable. En Ceará hicimos eso, empezamos con una medida y luego la hicimos más compleja a medida que el sistema avanzaba.

—¿Qué le recomendaría a la Argentina?

—Lo primero es evaluar para conocer el tamaño del desafío y saber qué es lo que está pasando. La alfabetización inicial es la base de la equidad y del éxito de la trayectoria escolar, entonces vale mucho la pena prestar atención a ese proceso inicial. Cuando un sistema se compromete con la alfabetización, se genera un terreno más fértil y mejores condiciones de gestión para enfrentar otros retos. Si no, se siente como si uno estuviera “secando hielo” constantemente.

—¿Es posible una política a nivel regional?

—Siempre me manifiesto muy a favor y soy una gran entusiasta de una mayor articulación en la región de América Latina. Pienso que, aunque tenemos diferencias y particularidades, compartimos desafíos comunes y tenemos la posibilidad de fortalecernos como región en diversos aspectos y la educación es uno de ellos. Podemos establecer procedimientos más sistemáticos de encuentros virtuales, pero también de intercambios de prácticas que funcionen entre profesores o quienes trabajan en los diversos niveles del sistema. Muchas veces, cuando alguien está enfocado en su propia experiencia, ver otra realidad ayuda a situar mejor las metas y los desafíos que existen. El intercambio de conocimiento es fundamental.

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