Entre los alimentos más versátiles en la cocina está el pan: se puede utilizar para hacer tortas de jamón, comerlo con café y azúcar o para acompañar la pasta. Pero, ¿qué haces cuando compras más piezas de las que necesitas?
Una respuesta común es guardarlo en la panera; no obstante, las piezas suelen perder consistencia y cambiar su sabor en los días posteriores a su compra, por lo cual una buena alternativa es llevar los sobrantes al congelador.
Congelar el pan que planeas usar después tiene más beneficios que únicamente prolongar su vida útil, ya que la ciencia ha encontrado que esta práctica podría impactar de forma positiva en la salud, así que “matarás dos pájaros de un tiro”.
El portal especializado en salud Healthline explica que realizar esta práctica es positivo, debido a que el pan, tanto casero como de panaderías, suele durar poco tiempo en buen estado, pues rápidamente adquiere un sabor rancio o se llena de moho.
Y si te preocupa que, después de congelarlo, no recupere su textura original o tenga un sabor extraño, debes considerar que existen formas adecuadas de llevar las piezas al congelador para evitar este efecto.
Healthline señala que, en el caso de los panes en barra, se deben envolver en film transparente, luego cubrirlos con papel aluminio y finalmente colocarlos en una bolsa hermética para congelador.
Si deseas guardar pan para sándwich o bollos para hamburguesas, deberás colocarlos dentro de una bolsa hermética en una sola capa. Si quieres que duren más tiempo, antes deberás envolverlos uno por uno en papel film.
Considera que un punto importante es envolver los panes con firmeza, ya que esto ayudará a que se mantengan frescos por más tiempo. En caso de que los hayas horneado, debes esperar a que estén fríos antes de congelarlos.
Si ya pasó el tiempo y quieres volver a comerlo, el proceso es muy sencillo: saca las piezas del congelador y déjalas a temperatura ambiente de 1 a 3 horas para que se descongelen.
Una vez listas, colócalas en el horno para devolverles vida; también puedes optar por ponerlas en la tostadora. Healthline afirma que su sabor será muy similar al del pan fresco.
A pesar de ello, debes tener en cuenta que el chef José Ramón Castillo, exjurado de MasterChef, explica que no todo es “miel sobre hojuelas”, ya que la textura puede modificarse y volverse más firme.
Congelar las piezas de pan sobrantes y luego pasarlas por el tostador puede tener un beneficio adicional para la salud, pues, aunque parezca extraño, este proceso cambia la estructura interna del alimento.
Tal como sucede con el truco de calentar las tortillas para hacerlas más saludables, la ciencia detrás de congelar el pan está en la composición del almidón que contiene, según explican los expertos.
El doctor Zac Turner explica en su columna del portal News que, cuando el almidón del pan se congela, pasa por un proceso llamado retrogradación: “significa que una parte del almidón se convierte en almidón resistente”, indica.
El almidón resistente es un componente que también se encuentra en alimentos como las papas, de acuerdo con el dietista registrado Duane Mellor, quien agrega para The Conversation que este tipo de almidón es más difícil de digerir.
Esto tiene un efecto positivo, ya que llega intacto al intestino grueso, donde alimenta a las bacterias beneficiosas que viven en el colon, lo que impacta de manera favorable en la digestión. Además, algunos estudios han encontrado que posiblemente ayuda a reducir el colesterol, aunque se necesita más investigación.
El experto también señala que el almidón resistente mejora la eficacia de la insulina al aumentar ligeramente la sensibilidad a la misma, un efecto que se ha estudiado en el pan congelado y posteriormente tostado.
Una investigación publicada en la European Journal of Nutrition encontró que congelar, descongelar y tostar el pan casero redujo la respuesta glucémica en un 39 por ciento, aunque no se observó el mismo efecto en el pan blanco comercial.
A pesar de estos resultados, la investigación tuvo una muestra muy pequeña, por lo que se requieren más estudios. Además, el doctor Zac Turner recuerda que, si bien esta práctica tiene beneficios, no es lo único que puedes hacer para mejorar tu salud digestiva.
“Congelar el pan es un pequeño truco inofensivo que puede darle un beneficio ligero al intestino. Pero no lo consideres tu principal estrategia para la salud intestinal. Para un impacto duradero, concéntrate en comer más cereales integrales, fibra, fruta, verduras y alimentos fermentados”, indica.
Si estás pensando en congelar pan, debes hacerlo correctamente para evitar quemaduras por congelación y cambios en su sabor. Además, coloca una etiqueta con la fecha en la que lo guardaste en el congelador.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos explica que el pan horneado comercialmente se puede conservar a temperatura ambiente de 2 a 4 días, o de 7 a 14 días en el refrigerador; si se congela, puede durar hasta 3 meses.


