El Gobierno logró atravesar sin sobresaltos el primer vencimiento de deuda en pesos de 2026, en una licitación que dejó señales mixtas: un nivel de refinanciación elevado, pero a costa de tasas más exigentes, en un contexto de liquidez ajustada y de inflación que todavía no logra perforar el piso del 2% mensual.
La Secretaría de Finanzas adjudicó $9,37 billones, sobre un total de ofertas recibidas por $10,06 billones, lo que implicó cubrir el 98% de los vencimientos del día, estimados en torno a los $9,6 billones. El resultado permitió evitar un desarme de posiciones y confirmó que el Tesoro mantiene acceso al financiamiento en moneda local, aun cuando el mercado viene mostrando mayor cautela.
La licitación se realizó apenas un día después de que el Indec informó que la inflación de diciembre fue del 2,8% mensual. Si bien el índice acumulado de 2025 cerró en 31,5%, el registro más bajo desde 2017, el dato confirmó una racha de siete meses consecutivos de aceleración o -en un caso- estancamiento, un factor que influyó en la demanda de mayores rendimientos para los instrumentos a tasa fija.
En ese marco, el menú ofrecido por el Tesoro volvió a concentrar el interés en los papeles de corto plazo. Las LECAP y BONCAP explicaron cerca del 60% de las ofertas, con tasas mensuales efectivas de entre 2,5% y 3,4%, y una TEM promedio ponderada del 3,06% para los instrumentos a tasa fija.
La suba del costo financiero fue clara frente a la última licitación de 2025. En los instrumentos comparables, el Tesoro convalidó alzas de entre 50 y casi 100 puntos básicos en la tasa mensual efectiva (TEM). Por caso, el bono con vencimiento en mayo de 2026 pasó de una TEM de 2,32% en diciembre a 2,86% en la licitación de esta semana, mientras que en el tramo más corto —febrero de 2026— la tasa trepó hasta 3,39% mensual, desde niveles cercanos al 2,4% hacia fines de 2025. En términos anualizados, el ajuste implicó subas de entre 8 y 15 puntos porcentuales en los rendimientos efectivos.
Desde Puente señalaron que la licitación volvió a mostrar una demanda defensiva, concentrada en instrumentos en pesos de corta y mediana duración, en un contexto de liquidez aún ajustada y con la inflación sorprendiendo al alza.
“Las LECAPs explicaron la mayor parte de la colocación, reflejando la preferencia por duration acotada ante tasas overnight todavía elevadas y volátiles”, explicó Eric Ritondale, economista jefe de la entidad. En ese marco, destacó también el fuerte interés por la letra TAMAR, que captó $1,45 billones, como una forma de cobertura frente a tasas de mercado que siguen ajustándose.
“El resultado muestra que prácticamente no se dejaron pesos en la calle. Las tasas quedaron algo más altas, pero siguen marcando rendimientos reales positivos. Son niveles atractivos para ir largo si se confía en que el Gobierno va a lograr bajar la inflación”, explicó el asesor financiero Nau Bernues.
Desde Adcap Grupo Financiero coincidieron en que la licitación no resultaba particularmente desafiante por el lado de los vencimientos, pero sí estaba condicionada por el bajo nivel de depósitos del Tesoro, que rondaban los $3,1 billones. “En un contexto donde el mercado demanda pesos y la liquidez es escasa, no era esperable un refinanciamiento bajo”, dijeron.
La demanda por instrumentos ajustados por inflación fue acotada, con montos sensiblemente menores a los observados en diciembre, aunque con tasas reales positivas de entre 6,9% y 8,3% anual. También se destacó la colocación de bonos atados a la tasa TAMAR, con un margen del 5,55%, por encima del nivel convalidado en la licitación previa. En contraste, el interés por los títulos dólar linked volvió a ser marginal y un tramo ofrecido quedó desierto.
Como contracara del buen nivel de adhesión, el plazo promedio de emisión mostró una caída relevante, desde 246 a 124 días, una señal de que el mercado sigue privilegiando horizontes más cortos ante la persistencia de la inflación y la volatilidad de las tasas.

