La publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y los acontecimientos recientes en el hemisferio occidental confirman un giro profLa publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y los acontecimientos recientes en el hemisferio occidental confirman un giro prof

El T-MEC en la estrategia de seguridad de Trump: escenarios y oportunidades

La publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y los acontecimientos recientes en el hemisferio occidental confirman un giro profundo hacia el unilateralismo y la adopción de medidas de seguridad más amplias y severas. Este viraje, que se expresa tanto en el discurso como en acciones concretas, introduce cambios sustantivos en prácticamente todos los ámbitos de la política exterior del principal socio comercial de México. Para el país, este nuevo planteamiento obliga a redefinir el mapa de riesgos y oportunidades.

En este contexto, la seguridad nacional estadounidense deja de circunscribirse al ámbito estrictamente militar. Se expande hacia el comercio, la energía, la migración, la tecnología y el control territorial. Bajo el lema America First, Washington asume que aranceles, sanciones, incautaciones de activos y presión diplomática no son medidas excepcionales, sino instrumentos ordinarios para disciplinar a socios y adversarios. América Latina, y en particular el denominado hemisferio occidental, reaparece así como su zona prioritaria de influencia.

Los acontecimientos recientes ilustran con claridad esta lógica. La captura de Nicolás Maduro y la secuencia de eventos sucesivos envían una señal inequívoca sobre los alcances de las acciones estadounidenses frente a gobiernos percibidos como hostiles o alineados con potencias extrarregionales. A ello se suman las incautaciones de buques cargados de petróleo con destino a Cuba y China, justificadas por Washington como acciones de seguridad y cumplimiento de sanciones, pero que en los hechos confirman y refuerzan un mensaje más amplio: la energía y las rutas marítimas se han convertido en extensiones del campo de acción geopolítico y forman ya parte de la nueva normalidad.

Por ello, este giro vuelve más relevante al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) al reforzar el carácter estratégico del bloque norteamericano, productor de un tercio del PIB mundial. Y, en este entorno, México ocupa una posición singular, en la que no somos un socio marginal. México es simultáneamente frontera, plataforma industrial, corredor energético, socio comercial prioritario y pieza clave en la agenda migratoria y de combate al crimen organizado con Estados Unidos. Por ello, la interdependencia asimétrica convierte a México en un país especialmente expuesto a la presión selectiva de la administración Trump, y a la oportunidad que le da el mismo Tratado. Factores inmutables que en sí mismos son ventajas para México, principalmente su ubicación y sus estructuras de costos industriales, juegan un papel crucial.

Por otro lado, desde la perspectiva de Washington, la seguridad en México se entrelaza con la lucha contra los cárteles —definidos como organizaciones terroristas—, el control del flujo de fentanilo, la contención migratoria y la reducción de la dependencia de cadenas de suministro vinculadas a China. Desde la perspectiva mexicana, en cambio, el reto consiste en preservar la soberanía y el margen de decisión interna sin poner en riesgo la viabilidad del T-MEC, pilar central del modelo económico nacional.

Ante este escenario pueden delinearse al menos tres posibles cursos estratégicos.

El primero es el de la contención pragmática. Bajo esta lógica, México reforzaría la cooperación en materia de seguridad —inteligencia, decomisos, control fronterizo y combate a organizaciones criminales— como moneda de cambio para desactivar amenazas comerciales o arancelarias. Esta ruta reduce tensiones en el corto plazo y ofrece a Trump resultados políticamente capitalizables. No obstante, conlleva el riesgo de profundizar una agenda definida desde Washington y de normalizar presiones que, con el tiempo, podrían escalar hacia exigencias más intrusivas.

El segundo curso es el de una negociación funcional vinculada al T-MEC. Bajo este enfoque, México asumiría no solo que una revisión del tratado es probable, sino que podría establecerse un esquema de revisiones periódicas —incluso anuales— durante un horizonte de hasta diez años. Lejos de entenderlo como una amenaza, el país optaría por convertir ese mecanismo en una plataforma permanente de alineación de intereses, basada en el cumplimiento, la previsibilidad y la construcción de confianza. El valor de esta estrategia radica en reafirmar la relación bilateral como una asociación industrial, energética y logística directamente vinculada a la seguridad económica del bloque norteamericano. En un contexto de rivalidad estructural con China, México puede ofrecer escala, proximidad y complementariedad productiva capaces de reducir los riesgos geopolíticos que hoy enfrentan las empresas estadounidenses con operaciones en Asia.

En ese sentido, preservar y mejorar el T-MEC, aun bajo un esquema de revisión recurrente, no sería una concesión a México, sino una inversión directa en la resiliencia económica y estratégica de Estados Unidos. En este escenario, la misión de México sería clara: cumplir el tratado, mostrarse funcional y cooperativo, y hacerlo sin renunciar a su soberanía nacional.

El tercer camino, más ambicioso, amplía la firmeza soberana hacia una construcción deliberada de conveniencia estratégica de futuro para los países. Bajo este enfoque, y a diferencia del anterior, el gobierno mexicano podría dar pasos hacia adelante para articular una narrativa más agresiva para demostrar que México no compite con Estados Unidos, sino que lo potencia; pero para lograr un alcance mayor, requiere de mayor acción y cooperación bilateral. Con base en resultados ya alcanzados, esta visión podría aprovechar los logros en materia de reducción de migración irregular y eficiencia en cadenas de suministro para planear avances significativos en materia comercial y de seguridad del bloque norteamericano. Los reportes recientes de la Secretaría de Economía que indican que alrededor del 85% de las exportaciones mexicanas a EE. UU. ya cumplen con las reglas de origen, puede servir de carta negociadora para avanzar más proactivamente.

A lo anterior se suma la capacidad de México para asegurar rutas energéticas críticas y limitar la presencia de actores extrarregionales en el hemisferio, fortaleciendo al bloque de América del Norte como plataforma estratégica. Convertir a México en blanco de presión excesiva, por el contrario, encarece la política de seguridad estadounidense y debilita su posición global al desviar recursos fiscales y políticos de otras prioridades estratégicas.

Para apuntalar esta estrategia, México cuenta con dos ángulos de apoyo. El primero es energético. En un entorno donde Washington prioriza la dominancia energética, México puede posicionarse como socio confiable en la integración regional de mercados de refinados, gas natural, electricidad e infraestructura crítica. Esta integración ya existe: México importa de Estados Unidos más del 70% del gas natural que consume, lo que convierte la cooperación energética en un asunto de seguridad regional y no sólo comercial. Pero, el gobierno mexicano tendría que ajustar su política energética para permitir la llegada de más inversiones y facilitar la resolución de conflictos mediante tribunales de inversión que den a las empresas e inversionistas mayor certeza jurídica.

El segundo ángulo es industrial. El nearshoring y la integración productiva bajo el T-MEC son herramientas concretas para reindustrializar América del Norte y fortalecer su autonomía estratégica como bloque. Entre 2020 y 2024, México desplazó a China como principal proveedor manufacturero de Estados Unidos en sectores como equipo eléctrico y autopartes. En este escenario, el reto para México es profundizar la colaboración entre el sector público y el privado, utilizando alianzas público-privadas como palancas para el crecimiento e instrumentos para escalar inversión, infraestructura y capacidades productivas. En esta lógica, la ley de infraestructura jugaría un papel fundamental para generar confianza.

La experiencia venezolana y las recientes incautaciones de petróleo funcionan a la vez como advertencia y como argumento: muestran hasta dónde está dispuesto a llegar Washington cuando percibe amenazas directas, pero también refuerzan que un México estable, cooperativo y profundamente integrado es mucho más valioso para Estados Unidos que un vecino debilitado o empujado a diversificar alianzas estratégicas riesgosas, a la luz de su Estrategia de Seguridad. En este contexto, la política de seguridad de Trump hacia 2026 obliga a México a abandonar la improvisación: la disyuntiva no es someterse o confrontar, sino convertir la interdependencia en un activo de negociación, demostrando que preservar la soberanía y fortalecer el T-MEC no solo no son incompatibles, sino que hoy se refuerzan mutuamente porque es más rentable, más seguro y más estratégico tener a México como socio que como factor de incertidumbre.

*La autora es Directora de Inteligencia Más y maestra en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Panamericana.

Oportunidad de mercado
Logo de ELYSIA
Precio de ELYSIA(EL)
$0.002663
$0.002663$0.002663
+2.18%
USD
Gráfico de precios en vivo de ELYSIA (EL)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección [email protected] para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.