Portrait of happy man standing in forest, with closed eyes, smiling.Portrait of happy man standing in forest, with closed eyes, smiling.

El hábito impensado que mejora el funcionamiento del cerebro

2026/01/25 18:00

Decía Blas Pascal que el hombre era infeliz por su incapacidad de permanecer en silencio y a solas en una habitación. Finalmente, parecen haberse dado cuenta –el hombre y la mujer, claro– y han convertido el silencio en el nuevo lujo, gratuito, por cierto, pero tan difícil de conseguir que no paran de aparecer los agentes facilitadores.

El cartelito de “Prohibido gritar. Solo susurros”, que se ve en la taberna Burp Castle de Manhattan, es solo un ejemplo. Japón, el país más ruidoso del mundo, abre cafés silenciosos” donde únicamente se permite el sonido de la taza de café y el ir y venir de la propia respiración. Las órdenes se cursan por escrito o por señas y, obvio, no hay música de fondo, ni ring de celulares o risas distractivas.

En Madrid, al pionero Más que silencio, en plena calle Princesa, le apareció una numerosa competencia. Amplios espacios para sumergirse en momentos de quietud y serenidad bajo distintas modalidades. Sentarse a solas para pasar un momento de silencio, una clase de yoga o una sesión de mindfulness forman parte del menú.

Algunos trenes incluyen un vagón que se llama Coche del Silencio, donde no es fácil encontrar sitio. Sin ningún costo adicional, se impone no hablar por el móvil, usar auriculares para escuchar música, acallar todos los dispositivos electrónicos y, por supuesto, mantener la boca cerrada.

Corea del Sur institucionalizó esta práctica hace poco más de una década. Anualmente celebra al aire libre la Space Out Competition, cuyo chiste es ver quién permanece más tiempo sin hacer nada. Ni hablar, ni chequear el celular, ni mirar el reloj, ni reírse, ni dormirse, durante una hora y media. El proyecto fue idea de la artista Woops Yang, que lo creó para superar un estresazo que padecía. Se organizó por primera vez en 2014, la décima edición fue en junio pasado y ya hay franquicias en diversos puntos del planeta. Apple se sumó a la movida con sus AirPods 4 con cancelación activa de ruido, que han sido exitosísimos.

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Retiros y prácticas contemplativas

En línea con esta ola crecen el turismo y las excursiones de silencio, muchas de las cuales incluyen retiros de distinta duración, prácticas contemplativas y jornadas culinarias con todo el mundo calladito.

La cercanía con la naturaleza aumenta la percepción, ejercita la atención plena, baja los niveles de cortisol y despierta los sentidos de todo el cuerpo, explican los expertos en todas las disciplinas de la salud. Y aquí apuntan también los retiros de sanación por sonido y los baños de bosque, llamados shinrin-yoku en Japón.

Los baños de bosque, llamados shinrin-yoku en Japón, forman parte del fenómeno del silencio

La OMS (Organización Mundial de la Salud) advierte sobre los peligros del ruido desde hace tiempo. Crear espacios de silencio y tranquilidad, frente a la contaminación acústica generalizada y potenciada por las tasas de estrés, no solo es una tendencia urbana, sino también una recomendación estratégica de salud pública, ha dicho.

En un informe de 2011 decía que cerca de tres mil de las muertes registradas ese año en Europa occidental por problemas cardiovasculares estaban vinculadas al exceso de ruido. Y augura que para 2050 casi la mitad de la población sufrirá algún grado de pérdida auditiva.

Datos para pensar: Buenos Aires es la ciudad con mayor contaminación acústica de toda Latinoamérica, seguida por Santiago de Chile y México DF, y la décima en todo el mundo, sitial que comparte con Nueva York. España es el segundo país más ruidoso, luego del ya mencionado Japón, en contraposición con el más tranquilo o “silencioso”, que es Islandia.

Pruebas, libros e investigaciones dan cuenta de que la calma y el silencio son una medicina gratis y accesible de efectos directos sobre el bienestar fisiológico, emocional y social. Su rango de beneficios es amplio y va desde rutinas de apenas dos minutos a dos o tres horas diarias, o varios días al mes.

En la Universidad de Pavia (Italia) se hizo en 2006 un conocido estudio liderado por el doctor Luciano Bernardi y publicado por la revista Heart, que probó que dos minutos de silencio relajan más que dos minutos de música relajante. Bernardi analizó la relación entre los efectos de la música, el sistema circulatorio y el cerebro. ¿Y qué descubrió? En los momentos de descanso entre canción y canción, el cerebro disminuye los niveles de estrés.

Dos horas al día, más neuronas

Otra de las investigaciones clave en este campo corrió por cuenta de la Universidad de Duke años más tarde y los resultados fueron publicados por la revista. Según demostró, entrar en un espacio de silencio consciente al menos dos horas al día estimula el crecimiento de nuevas neuronas, lo que valida esta práctica como eficaz herramienta para mejorar la cognición. Poderoso regenerador, suma claridad mental, estabilidad emocional y rendimiento cognitivo.

¿Dos horas al día? Parece imposible en un mundo de gritones y algoritmos invasivos, pero los perjuicios del ruido y el estrés son tan graves que vale la pena pensarlo. El neurólogo Pablo Irimia, de la Sociedad Española de Neurología, afirma que “la contaminación acústica se vincula con la sordera, problemas de sueño, enfermedades cardiovasculares y trastornos digestivos. Se sabe también que los jóvenes ven alterada la memoria y la capacidad de aprendizaje en un ámbito ruidoso”.

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Sometido hoy al feroz embate de ruidos, redes y tecnología, este alimento invisible siempre ha estado presente como remanso, inspiración o bálsamo en momentos de dolor. Se sabe que Einstein, Buda y Da Vinci, entre otros genios de la historia, abrazaban el silencio para dar paso a la creatividad y la sabiduría. La legendaria enfermera inglesa Florence Nightingale (1820-1910), considerada la madre de la enfermería moderna, escribió en 1859 estas palabras: “El ruido innecesario es la ausencia más cruel de cuidado que se puede infligir sobre una persona. El ruido repentino es incluso una causa de muerte entre los pacientes niños”.

El estudio de la Universidad de Duke demostró también que estar tres días en silencio consciente e intencionado puede cambiar la estructura cerebral, generando nuevas células en el hipocampo, que es la zona que regula emociones, memoria y aprendizaje.

Un estudio demostró que pasar tres días en silencio consciente e intencionado puede cambiar la estructura cerebral

A propósito, vale destacar que cada vez son más frecuentes los retiros de silencio de tres días, aunque también los hay de diez e incluso más extensos, pero no todo el mundo se anima. Manu Mariño (1966), un ingeniero agrónomo reconvertido, hoy director de la organización Quietud: Instituto de Ciencias Contemplativas y creador de la Formación Quietud sobre Mindfulness, Compasión y Ciencias Contemplativas, es un referente en el tema en toda España, territorio que ha recorrido de arriba abajo impartiendo estas prácticas.

Gallego residente en Santiago de Compostela y amigo del poeta y monje argentino Hugo Mujica, conocido porque mantuvo silencio durante siete años, Mariño ha llegado a hacer las rutas Sevilla-Santiago –casi 900 kilómetros–y Oporto-Santiago, sin decir palabra. “El silencio no es ausencia de ruido, sino un estado de ser. Y más que eso. Es lo que somos –dice–. Tú puedes estar en un contexto de absoluto silencio, pero, sin embargo, tu mente está llena de ruido. Mi máxima experiencia de silencio, más que cualquier retiro o travesía que he hecho, fue durante un concierto de Bruce Springsteen. Él tocaba, había ochenta mil personas; el contexto era, en teoría, ruidoso, pero mi estado era contemplativo, podía estar atento y presente, pero en un estado de conexión no dual, no pensamiento. Y como dice el Bhagavad Ghita, la felicidad reina soberana en ausencia de pensamiento”.

Uno de los conceptos más interesantes que plantea, a contrapelo de la inclinación tan común en estos tiempos de encontrar el How to do, el manual de instrucciones para cualquier cosa, como si todo fuera un electrodoméstico, es que el silencio no es algo a conseguir o a reconocer, porque ya está dentro de cada uno de nosotros. “Solo tenemos que ir hacia él”.

Tanto Mariño como el padre Javier Meloni, un jesuita que fundó el Camino de Contemplación en la Cueva de San Ignacio, en Manresa, Cataluña, coinciden en que es un camino que vale la pena recorrer. Cuando lo entrevistó LA NACION meses atrás, Meloni decía que solo el silencio es capaz de detener el flujo obsesivo de los pensamientos, estresor potente si los hay: “Cuando uno lo experimenta, no vuelve atrás nunca más. Hay que permanecer en silencio, con el cuerpo inmóvil y tolerar la tormenta inicial de pensamientos que viene, pero seguir. Llega un momento en que el silencio se hace presente y sobreviene un estado único de presencia. Es una experiencia iniciática”.

Desde la ciencia, el doctor Michael Wehr, neurocientífico de la Universidad de Oregón, le da la razón: “El silencio no es la ausencia de algo, sino la presencia de todo. En los espacios de silencio, el cerebro finalmente puede procesar, reparar y regenerar de una forma que en entornos ruidosos le es imposible”.

Aporta mucho también a la comunicación interpersonal. Papers de la celebérrima Universidad de Harvard dan cuenta de que hasta las relaciones de pareja se fortalecen y se vuelven más saludables si se comparten espacios de silencio a conciencia. Lejos de generar distancia o aburrimiento, despierta cercanía, confianza e intimidad emocional. Simplemente estar, compartir ese momento sin interrupciones ni pantallas.

“El silencio es medicina, y la ciencia lo confirma, –dijo Nazareth Castellanos, doctora en neurociencias, en "El Cerebro como aliado", un taller que impartió a principios de año y al que esta cronista asistió–. El silencio no significa que las neuronas se queden quietas. Al contrario, se activan circuitos que reparan, consolidan recuerdos, consolidan experiencias. La ciencia habla de la red neuronal por defecto, un sistema que se activa cuando no hacemos nada concreto, cuando descansamos, y resulta que en esos momentos, en el silencio, el cerebro conecta recuerdos, reorganiza información, genera creatividad. Lejos de ser improductivo, es el espacio donde surge la innovación, la comprensión, la sabiduría”.

Ya la neurociencia sabe que en la quietud profunda el cerebro aumenta la producción de GABA (neurotransmisor de la calma), dopamina (mejora la motivación y el ánimo), acetilcolina (potencia la concentración y el aprendizaje) y endorfinas (analgésicos naturales del cuerpo).

Para plantar cara a la epidemia de ruido universal seguramente haga falta mucho más que los ejemplos detallados más arriba. Pero bienvenidos sean como destellos de una conciencia que reclama bajar varios cambios. Decibeles, para ser más precisos.

Porque hay otro tipo de ruido que no se mide en decibeles pero estremece y sobrecarga el disco rígido mental con pensamientos intoxicantes. Se le llama ruido invisible y puede ser tanto o más perjudicial que el otro, porque protegerse de sus efectos es tarea titánica. Ni siquiera escondiéndose, si se pudiera, en las cámaras anecoicas de Orfield Labs, en Minneapolis. Diseñadas para absorber el sonido por completo y con sus -9.4 decibelios, están reconocidas por el Guinness como el lugar más silencioso del mundo, aunque nadie duda de que cuentan con un wifi impresionante.

Y por allí se escurre rápido el estruendoso presente universal. Putin amenazando con la guerra nuclear desde Moscú y Trump pidiendo la disolución de la Unión Europea desde la Casa Blanca, una interminable guerra en Ucrania, el 7 de octubre y sus consecuencias que todavía sangran, la IA que nadie sabe en qué va a terminar, las motosierras de moda…

Sin embargo, parecería que esta tendencia no solo preocupa a la OMS, los budistas o el mindfulness, y tiene sabor a reclamo transversal. Gordon Hempton, conocido ecologista acústico y músico nacido en Monterrey, California, ha dado tres veces la vuelta al mundo en busca de los paisajes sonoros naturales que están desapareciendo del planeta, y su documental The Vanishing Dawn Chorus mereció un Emmy.

Michael Wehr, neurocientífico de la Universidad de Oregón, dice que el silencio no es la ausencia de algo, sino la presencia de todo

Pero la cruzada que lo impulsa hoy por hoy es salvar el silencio. Más allá del calentamiento global, la limpieza de residuos tóxicos y la preservación del hábitat y las especies en extinción, él quiere salvar el silencio. “Cuando salvás el silencio, en realidad terminás salvando todo lo demás también”.

Voces de alarma

En el mundo de las ideas también nacen voces de alarma. Byung-Chul Han (1959), el conocido filósofo coreano residente en Berlín, afirma que “el silencio de tu casa es el único lugar donde todavía puedes escucharte”.

Aunque aclara que no habla de romantizar el aislamiento o la soledad, ni encerrarse en casa como si fuera un búnker sin salir a la calle. Habla de una defensa del derecho “al silencio sin culpa”, en un espacio íntimo y propio y sin sucumbir a las exigencias tecnológicas del siglo XXI.

Crítico del neoliberalismo occidental, dice que “el capitalismo de hoy odia el silencio y el vacío y nos ha inculcado temor a pasar horas muertas en nuestras casas sin prueba digital de lo que hacemos.(...) La felicidad no depende de lo que hacemos, sino de lo que somos cuando dejamos de hacer. La verdadera felicidad no está en una vida activa, sino en una vida contemplativa, en la capacidad de detenerse, reflexionar y simplemente ser”.

Una reflexión con la que seguramente habría coincidido Pitágoras (Grecia, 570 a.C.), uno de los más antiguos divulgadores del poder del silencio. Dos mil quinientos años atrás, en su escuela de Crotona, obligaba a sus discípulos a practicarlo para purificar cuerpo, mente y espíritu.

Además de legar a la posteridad el famoso teorema que se estudia en el colegio, se destacó como sabio, místico, filósofo, músico y algunos hasta lo califican de iniciado. Admirado por Platón, que dio seguimiento a sus ideas, y por Aristóteles, que conservaba varios de sus papiros, Pitágoras decía: “El comienzo de la sabiduría es el silencio. Escucha, serás sabio”.

Decálogo del silencio

1. Ayuda a la concentración y aclara las ideas

2. Propicia la creatividad

3. Colabora con la resolución de problemas

4. Combate el estrés y trae paz interior

5. Ejercita la memoria

6. Facilita el aprendizaje

7. Mejora la salud física y mental

8. Aumenta la paciencia

9. Provee atención plena

10. Nos conecta con nosotros mismos

Cómo incorporarlo a la vida diaria

Comenzar el día sin pantallas: privarse de la exposición a dispositivos electrónicos con estímulos visuales y auditivos en primera hora, ya genera una calma que el cerebro agradece.

Hacer paseos al aire libre sin auriculares ni celular: Solo observando el entorno y escuchando los sonidos de la naturaleza.

Implementar pausar conscientes: Crear el hábito de tomar diez minutos de descanso y silencio entre una tarea y otra.

Practicar actividades silenciosas: Leer, escribir a mano, dibujar, cocinar, pintar, etc.

Armar un refugio: Crear en la casa o en el lugar de trabajo un ámbito o refugio para tomar pausas de cinco a diez minutos.

Acostumbrarse a no tener conversaciones banales o innecesarias: Aprovechar los viajes en transporte público para no mirar el celular ni escuchar música.

Prepararse para sentir incomodidad al principio: Todos coinciden en que hay que tolerar el ruido inicial que aparece en la mente al comienzo. Seguir y seguir hasta que llegue la calma. Dejar el cuerpo inmóvil es de gran ayuda.

El silencio mejora la salud física y mental
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