La represión de las protestas en Irán dejó al menos 6.221 personas muertas, entre ellas 5.858 manifestantes, 214 miembros de fuerzas afiliadas al gobierno, 100 menores de edad y 49 civiles que no participaban en las protestas, según un balance difundido el miércoles por la Human Rights Activists News Agency, que también reportó 42.300 personas arrestadas durante la represión.
La organización, con sede en Estados Unidos, afirmó que verifica cada fallecimiento mediante una red de activistas dentro de Irán.
El régimen iraní presentó un balance menor, con 3.117 fallecimientos, y sostuvo que 2.427 correspondían a civiles y miembros de las fuerzas de seguridad, mientras calificó al resto como “terroristas”. En disturbios anteriores, las autoridades subestimaron o dejaron de informar muertes.
La cifra difundida por los activistas supera a la de cualquier otra ronda de protestas o disturbios registrada en Irán en varias décadas y recuerda el período de caos que rodeó a la Revolución Islámica de 1979.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre tras la fuerte devaluación de la moneda iraní y se extendieron rápidamente por todo el país. Las fuerzas de seguridad respondieron con una represión violenta cuya magnitud comenzó a conocerse tras más de dos semanas sin servicio de internet, el apagón más prolongado en la historia del país.
En medio de la crisis interna, el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de ataque ingresaron en Oriente Medio para encabezar cualquier eventual respuesta militar de Estados Unidos. La llegada del portaaviones y de destructores equipados con misiles guiados otorgó a Washington capacidad para atacar a Irán, en un contexto en el que los Estados árabes del Golfo Pérsico señalaron que buscan mantenerse al margen de un eventual conflicto, pese a albergar personal militar estadounidense.
La tensión aumentó después de que el presidente estadounidense Donald Trump advirtió con emprender acciones militares en respuesta al asesinato de manifestantes pacíficos o ante la posibilidad de ejecuciones masivas tras la ola de protestas.
Por su parte, la empresa de seguridad privada Ambrey emitió el martes un aviso en el que afirmó que Estados Unidos “ha posicionado suficiente capacidad militar para llevar a cabo operaciones cinéticas contra Irán mientras mantiene la capacidad de defenderse a sí mismo y a los aliados regionales de acciones recíprocas”.
Ambrey sostuvo que “apoyar o vengar a los manifestantes iraníes con ataques punitivos es considerado una justificación insuficiente para un conflicto militar sostenido”, aunque agregó que “objetivos alternativos, como la degradación de las capacidades militares iraníes, pueden aumentar la probabilidad de una intervención limitada de Estados Unidos”.
La presión económica continuó en aumento. El martes, casas de cambio en Teherán ofrecían la peor cotización histórica del rial, en torno a 1,5 millones por dólar. Comerciantes evitaron hablar públicamente y algunos reaccionaron con enojo. El gobierno redujo el uso de tasas de cambio subsidiadas y otorgó el equivalente a 7 dólares mensuales a la mayoría de la población. Hace una década, el rial se cotizaba a 32.000 por dólar.
El embajador iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, afirmó el lunes ante el Consejo de Seguridad que las amenazas de Trump de emplear la fuerza militar “no son ambiguas ni malinterpretadas”. También reiteró acusaciones sobre el apoyo de Estados Unidos e Israel a “grupos terroristas armados”, sin presentar evidencias.
El régimen de Irán proyectó su influencia regional mediante el “Eje de la Resistencia”, una red de grupos armados en Gaza, Líbano, Yemen, Siria e Irak. Esa estructura sufrió un deterioro tras las ofensivas de Israel contra Hamas y Hezbollah, y la caída de Bashar Assad en Siria en 2024.
Los hutíes de Yemen reiteraron que podrían reanudar hostilidades en el mar Rojo, mientras que Ahmad “Abu Hussein” al-Hamidawi, líder de Kataib Hezbollah en Irak, advirtió: “La guerra contra la República Islámica no será un picnic; más bien, probarán las formas más amargas de muerte”.
El líder de Hezbollah, el jeque Naim Qassem, afirmó que el grupo se prepara para una “posible agresión” y sostuvo que la respuesta “será determinada por la batalla y según los intereses que estén presentes”.
(Con información de Associated Press)


