Una estrategia inédita propone nuevas soluciones a la crisis entre comunidades rurales y paquidermos en expansión. Las autoridades de conservación de Tailandia administraron por primera vez una vacuna anticonceptiva a elefantes salvajes con el objetivo de gestionar el crecimiento demográfico y reducir los conflictos entre humanos y elefantes.
La intervención respondió a un aumento anual del 8% en la población de elefantes en cinco provincias del este del país, cifra muy superior al tres por ciento observado en otras regiones. La aplicación ocurrió el lunes en la provincia de Trat, al sureste del país, donde veterinarios y funcionarios utilizaron una pistola de dardos para vacunar a tres elefantas sin recurrir a anestesia.
Sukhee Boonsang, director de la Oficina de Conservación de Vida Silvestre, advirtió a AFP: “Esto provocará más conflictos entre humanos y elefantes a largo plazo” si no se toman medidas.
Tras administrar las dosis, los veterinarios realizaron revisiones para asegurar que los animales no presentaran complicaciones, según la oficina de conservación. De acuerdo con datos oficiales citados por AFP, la población de elefantes salvajes en Tailandia pasó de 334 en 2015 a casi 800 en 2023, mientras que el país también alberga miles de ejemplares en cautiverio.
El conflicto entre personas y elefantes dejó casi 200 muertes humanas y más de 100 de elefantes desde 2012, según la misma oficina. La convivencia se dificulta cada vez más por la invasión de cultivos y la expansión humana sobre los hábitats naturales.
Antes de probar la anticoncepción en vida silvestre, los expertos experimentaron hace dos años la vacuna en siete elefantes en cautiverio en Chiang Mai, al norte del país. El programa prevé ampliarse: se usarán 15 dosis adicionales en otras manadas antes del inicio de la temporada de lluvias en mayo, informó Boonsang a AFP.
El elefante asiático, declarado animal nacional de Tailandia y clasificado en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, enfrenta una situación crítica que exige medidas innovadoras y monitoreo veterinario constante. Después de la intervención, los elefantes tratados mostraron buena salud y retomaron su rutina habitual; el equipo responsable anunció que realizarán controles periódicos para garantizar su bienestar.
Investigaciones del Instituto de Ciencias Industriales de la Universidad de Tokio concluyeron que el riesgo de conflicto entre humanos y elefantes en Tailandia probablemente cambiará con el avance del cambio climático. El estudio, publicado en Science of the Total Environment, examinó cómo estas interacciones podrían evolucionar entre 2024 y 2044 utilizando diferentes proyecciones climáticas y socioeconómicas.
Nuntikorn Kitratporn, autor principal, explicó que en Tailandia casi la mitad de la población vive en zonas rurales y depende de la agricultura. La deforestación y el auge de la agricultura comercial obligaron a los elefantes a habitar áreas cada vez más fragmentadas, aumentando la probabilidad de encuentro con humanos. El equipo identificó que los bordes de los bosques resultan especialmente atractivos para los elefantes en busca de alimento, lo que facilita el contacto con cultivos y agricultores.
El análisis reveló un desplazamiento del riesgo hacia zonas septentrionales y latitudes más altas. En otras áreas, se prevé que el hábitat se vuelva menos adecuado con el tiempo, incrementando primero y luego reduciendo el riesgo de interacciones. Comprender estos cambios resulta esencial para planificar estrategias de coexistencia a largo plazo.
El impacto de la fragmentación y el cambio climático se suma a la reducción histórica de hábitats. Un estudio liderado por Shermin de Silva, profesora adjunta de la Universidad de California en San Diego y presidenta de Trunks & Leaves, indicó que los hábitats de los elefantes asiáticos se redujeron en casi dos tercios en los últimos 300 años. De Silva recalcó que, aunque los elefantes forman parte de la cultura humana desde hace milenios, siguen siendo animales salvajes de los que aún falta mucho por aprender.
De Silva destacó que los elefantes necesitan moverse para sobrevivir, lo que resulta cada vez más difícil en paisajes fragmentados y en expansión agrícola. Su capacidad de adaptación y resolución de problemas puede volverse un desafío cuando los paquidermos cruzan barreras o acceden a zonas habitadas. Además, el cambio climático podría forzar a las poblaciones de elefantes a desplazarse hacia nuevas áreas, incluso cruzando fronteras nacionales, lo que genera retos ecológicos y políticos.
Los avances en inteligencia artificial y aprendizaje automático abren nuevas posibilidades para comprender la comunicación y los comportamientos sociales de los elefantes, conocimientos que resultan clave para la conservación y la adaptación de las especies. De Silva enfatizó la importancia de repensar la conservación, integrando a la vida silvestre en entornos cambiantes y reconociendo la influencia humana en los ecosistemas.
Garantizar la supervivencia de los elefantes asiáticos exige estrategias innovadoras, cooperación internacional y una visión a largo plazo para que personas y elefantes puedan coexistir en paisajes compartidos.


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