Hablar de las remesas es como entrar en el jardín de los senderos que se bifurcan. Uno de los caminos nos lleva a un terreno conocido y “racional”, los datos económicos. El otro sendero nos conduce al infierno, con toda la irracionalidad que eso implica: la política migratoria de Donald Trump.
Las estadísticas del Banco de México nos llevan por el sendero económico. Nuestro país recibió 61,791 millones de dólares en remesas en 2025. Esto es 4.6% menos que en 2024. La primera caída en 11 años. A pesar de la baja, las remesas representan entre 3.5 y 4% del PIB y son casi 50% mayores que la inversión extranjera directa. Generan más ingresos que el petróleo, el turismo, la minería o las exportaciones agropecuarias.
Para el que no quiere abandonar este sendero, hay una explicación económica a la caída de las remesas: el mercado laboral se complicó para los migrantes mexicanos, a pesar de que la economía estadounidense habría crecido alrededor de 2%. Valga decir que las remesas a El Salvador, Honduras y Guatemala se incrementaron más de 15 por ciento.
El otro sendero también tiene estadísticas oficiales, pero ofrece además imágenes tremendas. Incluye mensajes de estrellas de la música y películas galardonadas; si ven Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson, notarán que el personaje de Sean Penn está modelado en el agente del ICE, Greg Bovino.
El año que acaba de terminar ha sido el peor para los migrantes en más de medio siglo. Hubo 2,200 deportaciones “voluntarias” y 675,000 deportaciones forzadas. 32 personas murieron en los centros de detención. Donald Trump se había fijado como objetivo llegar a un millón de deportaciones anuales y romper el récord de Barack Obama. Esto permite pronosticar que los próximos tres años serán igual o más complicados para los mexicanos que viven en situación irregular en Estados Unidos, cuyo número se estima entre 4 y 5.6 millones. El total de personas sin papeles asciende a 14 millones e incluye personas de más de 100 nacionalidades.
ICE Out, fue una de las frases más escuchadas en la ceremonia de los Grammys. Con menos frecuencia, pero más rabia, se oyó también Fuck ICE. En la cabeza de muchos estadounidenses están los dos asesinatos de Minnesota, pero hay que recordar que los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas se han convertido en una presencia que inspira miedo en muchas ciudades: Los Ángeles, Chicago, Washington, Nueva Orleans, San Diego...
La ICE ha recibido un presupuesto multianual de 100,000 millones de dólares, que es mayor al que tienen el FBI y la CIA. De estos recursos, 30,000 millones de dólares se dedicarán a contratar y capacitar agentes para localizar, detener y deportar migrantes. La agencia ya cuenta con 22,000 agentes y contrató a 12,000 en el segundo semestre del 2025. Del presupuesto del ICE, alrededor de 45,000 millones de dólares están programados para la operación de los centros de detención de migrantes. El más famoso de ellos es el Alligator Alcatraz, que se encuentra en el sur de Florida y fue inaugurado por Donald Trump en julio de 2025.
La caída de 4.6% en el envío de remesas es un número que expresa de manera muy pálida y fría la pesadilla que están viviendo los migrantes. El horror no cabe en ese número. La administración Trump ha puesto fin a una “tradición” en la que no había detenciones en lugares sensibles para las comunidades de migrantes: iglesias, escuelas y hospitales, por ejemplo. Los agentes del ICE van armados, enmascarados y no necesitan papeles para irrumpir en una casa o romper los cristales de los vehículos donde circulan los sospechosos.
Para el 2026, ICE contará con más agentes y la agencia estará más embalada. Esto significa que habrá condiciones más difíciles para los migrantes que viven en Estados Unidos, especialmente para los que no tienen documentos migratorios en regla.
Hay “optimistas” que creen que podría venir una moderación, porque las encuestas indican un rechazo creciente a la política migratoria de Trump y, además, hay una lógica económica que justifica la presencia de millones de indocumentados en Estados Unidos. Son necesarios para el funcionamiento de sectores como la construcción, la hotelería, la industria restaurantera y la agricultura. Su ausencia implicaría mayores costos y menor calidad en el servicio.
Ojalá estos “optimistas” tuvieran razón. Es difícil creer en un final feliz para esta historia tan complicada. En ese círculo del infierno, hay racismo, indiferencia al dolor, polarización e irracionalidad. La persecución y criminalización de los migrantes es parte de la normalidad en este sendero. Aquí, el 4.6% de caída en las remesas es un dato tan lejano como los economistas que lo procesan. Los números más relevantes son 2’875 mil deportados; 22,000 agentes del ICE y 14 millones sin papeles. In Guad we Trust.


