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Después de un día difícil, escuchó un extraño sonido cuando llegó a su casa: “Su estado de salud era alarmante”

2026/02/12 14:00
Lectura de 6 min

Esa tarde cuando llegó a casa, el cansancio no era solo físico; se sentía como un peso que se había instalado en el pecho. Carlos Blanco —Charlie para sus amigos— lo supo bien bien. Aquel día, regresó agotado. Venía de visitar a su padre en una residencia para adultos mayores, un encuentro difícil que lo había dejado abrumado. Siendo hijo único, la carga emocional de la vejez y la finitud de sus padres recaía sobre sus hombros.

“Antes de ingresar en el geriátrico, mi padre había tenido un accidente en la calle. Una caída, golpe en la cabeza por el cual tuvo que estar internado en observación. Después de esa situación, seguir viviendo solo con 92 años se hacía complicado. Y se nos presentaron dos alternativas: contratar cuidadores que pudieran atenderlo o instalarse en una residencia. Su elección fue esta última instancia pero cuando se mudó se topó con algo que nunca había podido hacer: vincularse, sociabilizar. Por esta razón, ir a verlo era casi siempre agotador”, recuerda.

Con un abrigo gastado y collar apareció mientras paseaba a su perro, lo rescató y ocurrió algo inesperado: “Parecía que conocía la casa”

Subió a la terraza y allí estaba ella: una gata “divina” pero enferma.

Fue en esas condiciones que regresó a su casa: agotado, triste y con toda la carga de un hijo único. “Con un padre anciano con el que que siempre fue muy complejo vincularme, buena persona, pero sumamente pesimista”.

Al entrar, escuchó un sonido extraño similar a un maullido. Convivía en ese momento con cinco gatos rescatados, pero ese maullido no se parecía a ninguno conocido. Subió a la terraza y allí estaba ella: una gata “divina” pero en un estado de salud alarmante.

Lo que menos necesitaba en ese momento era rescatar o adoptar otro gato por la situación familiar que estaba atravesando”, recuerda Charlie, que es terapeuta holístico con casi cuatro décadas de experiencia acompañando a pacientes terminales. Pero cuando sus ojos se cruzaron con los de la gata, la resistencia se evaporó. “Me di cuenta inmediatamente de que estaba espejando mi dolor, mi herida. Ella estaba lidiando con la prueba de estar perdida, sola, enferma. Yo estaba lidiando con el estrés de tener que ver la recta final de mi padre. Sanar la herida de aquel animal era una oportunidad para sanar la mía porque pude trascender lo que me pasaba y poner foco en ayudarla”.

Charlie la abrazó y le susurró: “Entiendo todo lo que te pasa, yo estoy igual que vos. Bienvenida, te vamos a cuidar”. Nirvana -como la bautizó- hundió su cabeza en el brazo de Charlie, entregada. Los otros cinco gatos de la casa, testigos de la escena, no opusieron resistencia. El pacto estaba sellado.

Nirvana estaba perdida, sola y enferma.

Un desafío de dos semanas

El estado de Nirvana era delicado. Un virus bronquial le había quitado el olfato, por lo que no reconocía la comida. Había que alimentarla e hidratarla con jeringas. Fernando Brun, pareja de Charlie y director de arte, se puso al frente de la logística médica: análisis, ecografías, antibióticos y suero.

“El herpes virus felino (FHV) y el calicivirus (FCV) son los principales causales de bronquitis en los gatos, que puede complicarse con una infección secundaria. Los síntomas que se suelen presentar son tos, estornudos, dificultad para respirar, sibilancias y ruidos respiratorios, secreción nasal y ocular, úlceras bucales (en el caso de FCV), fiebre, decaimiento y falta de apetito”, explica la médica veterinaria Patricia Paredes (M.P 7387) del equipo de Natural Life.

Nirvana había contraído un virus bronquial.

Como no existe un tratamiento específico contra el virus, se instaura un tratamiento de apoyo dirigido a combatir los síntomas y a eliminar las posibles infecciones secundarias mediante el uso de antibióticos, nebulizaciones, limpieza de ojos y nariz, antiinflamatorios y fluido terapia en aquellos casos de animales deshidratados. “También es muy importante la higienización constante del ambiente y elementos como literas, comederos y bebederos mediante el uso de desinfectantes como la lavandina. Se sugiere además el aislamiento de los animales sanos hasta luego de una semana de recuperación para evitar el contagio de otros gatos”, aclara Paredes. La prevención es clave y se basa simplemente en la vacunación: la primera dosis se aplica a los 60 días de vida del gato, la segunda a los 90 días de vida y su aplicación se renueva anualmente.

Un buen día, Nirvana comenzó a limpiar su pelaje, signo de buena salud.

No sabíamos si Nirvana nos había elegido para ayudarla en su recuperación o para pasar sus últimos días”, cuenta Charlie. Durante dos semanas, la casa se convirtió en un centro de sanación integral. A la medicina tradicional le sumaron Reiki, terapia floral, homeopatía y sanación ancestral. Cada día era una lección de aceptación.

Nirvana no comía ni bebía sola, hasta que un día, el esfuerzo surtió efecto. De pronto, empezó a lamerse y a limpiarse con una velocidad graciosa, recuperando su dignidad felina.

El tratamiento incluía nebulizaciones. La indicación veterinaria era estricta: encerrarla en la transportadora, taparla con toallas y pasar la manguera por una hendija. Pero Charlie sentía que, después de tanto que habían pasado juntos, no hacía falta el encierro.

“Le expliqué a Nirvana lo que iba a darle para que sus vías respiratorias se recuperaran”. Sin jaulas ni toallas, prendieron el nebulizador. Fernando, incrédulo, filmó el momento. La gata no solo se quedó quieta recibiendo el vapor en entrega total, sino que miraba a la cámara exigiendo protagonismo. Fue el sello final de su recuperación.

Nirvana y Carlos Blanco.

Un grupo de autoayuda

Hoy, Nirvana vive “pegada” a Charlie. Su nombre no fue casual: representa el estado de liberación de los deseos y la iluminación. Aunque adora a Fernando, su vínculo con Charlie tiene un apego especial, casi sagrado. “Lo que siempre me conmueve de los gatos es su inmensa sabiduría. Cuando están enfermos se retiran , lo mismo cuando están por parir o por morir. Ellos nos enseñan que se puede llegar al final de la vida con total aceptación y agradecimiento por lo que tocó vivir”.

“Siempre que la mimo, le digo que fue ella la que vino a rescatarme ese día tan triste. Fuimos una suerte de grupo de autoayuda”, reflexiona Charlie. En su labor diaria acompañando a enfermos terminales bajo el abordaje de Kübler-Ross, Charlie sabe que la muerte es parte de la vida, pero Nirvana le enseñó que, a veces, la vida decide quedarse cuando encuentra un alma que vibra en la misma sintonía.

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