Las lluvias más importantes del findesemana se concentraron en el centro y este de la región pampeana.Las lluvias más importantes del findesemana se concentraron en el centro y este de la región pampeana.

“Lluvia bendecida”: las precipitaciones llevaron alivio al campo en zonas muy comprometidas

2026/02/17 03:31
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Luego de casi dos meses sin precipitaciones importantes en varias áreas productivas, finalmente llovió durante el fin de semana en buena parte de la región pampeana. Tras un enero seco, con temperaturas altas y cultivos que ya mostraban signos de estrés, el agua llegó y, según coincidieron productores y técnicos, puso un freno a la caída de rendimiento.

El alivio se concentró principalmente en el sur de Santa Fe, el este y sudeste de Córdoba y el centro-este y sudeste de Buenos Aires, algunas de las zonas que estaban más comprometidas por la falta de humedad.

Según los mapas de precipitación acumulada del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) entre el 14 y el 16 de febrero, los acumulados fueron muy desparejos, pero en amplios sectores se movieron entre 20 y 60 milímetros (mm), con algunos puntos que superaron los 70 mm. En el sur de Santa Fe hubo registros destacados: San Jerónimo Sud (62.7 mm), Casilda (62.0 mm), Bustinza (58.4 mm), Rosario (53.6 mm) y Armstrong (48.8 mm), entre otros. En el centro-este y sudeste bonaerense también se observaron buenos acumulados, con valores cercanos a los 40 milímetros en Azul y entre 30 y 60 milímetros en zonas como Coronel Pringles.

El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario del 11 de febrero advertía que la situación era más delicada justamente en esas zonas. Señalaba que en el sur de Santa Fe, el sur de Córdoba y el centro-este y sudeste de Buenos Aires se necesitaban al menos 40 mm en una primera etapa y otro aporte similar en la semana siguiente para frenar el deterioro de la soja. En ese contexto, la entidad estimó una producción nacional de 48 millones de toneladas, con un recorte de 2,5 millones de toneladas respecto de lo que proyectaba un mes atrás, aunque todavía se ubicaba 1 millón de toneladas por encima del cálculo inicial de la campaña.

Precipitación acumulada entre domingo y lunes

“Por suerte llovió ayer, después de tanto esquivarnos”, destacó María José Dickie, ingeniera agrónoma especializada en Climatología de la Agencia de Extensión Rural del INTA en Cañada de Gómez. Recordó que en el sur de Santa Fe la última lluvia importante había sido el 20 de diciembre y que, desde entonces, la región atravesó entre 40 y 50 días con precipitaciones muy escasas y altas temperaturas. En enero apenas se registraron entre 10 y 30 mm —cuando la media mensual ronda los 130 mm— y febrero venía prácticamente seco hasta el evento del fin de semana, que dejó entre 30 y 40 mm en promedio, con algunos puntos de hasta 60 mm.

Dickie explicó que estas lluvias son clave para los cultivos que todavía están en etapas sensibles. En soja de primera, si bien ya se había dado una disminución de rendimiento por el estrés hídrico de enero, el agua llegó en un momento en el que todavía puede compensarse parte de esa pérdida a través de mayor peso de grano (es decir, que cada semilla termine de llenarse mejor y pese más al momento de la cosecha). “Son muy favorables para la última etapa del cultivo”, señaló. Aunque aclaró que el impacto final dependerá de que continúen las precipitaciones.

Precipitación acumulada entre sábado y domingo

En soja de segunda, que está más comprometida, Dickie aseguró que las lluvias “llegan tarde, pero no tan tarde”. Según detalló, permiten sostener el crecimiento en los mejores lotes, aunque todo queda condicionado a lo que pase en las próximas semanas. En maíz, en los lotes sembrados en septiembre ya hubo pérdida porque el llenado de grano transcurrió sin agua; en cambio, el maíz tardío, que está en período crítico, es uno de los más beneficiados por este evento.

“Llovió después de casi 60 días”, festejó el productor Marcelo Bengoechea, desde su campo en Roldán, en el sur de Santa Fe. Allí también la última lluvia importante había sido el 20 de diciembre y desde entonces solo se habían dado chaparrones aislados de pocos milímetros. “En 15 días habíamos juntado apenas 15 mm y muy desparejos”, graficó. Este fin de semana ahí cayeron entre 50 y 60 mm. Ese aporte, explicó, frena el deterioro y ponía un límite a la caída del rinde, aunque no recompone lo perdido. “Ahora necesitábamos que acompañara de acá hasta el final del ciclo”, advirtió.

En su campo ya estima pérdidas en soja de primera de alrededor del 50% de rinde. Mientras que la oleaginosa de segunda estaba más afectada y, si el clima ayudaba, podía ubicarse entre 10 y 15 quintales. El maíz de primera venía muy bien, pero calculaba una merma cercana al 15%, mientras que el maíz de segunda, en plena floración, dependería de que continuaran las lluvias para completar el llenado de grano.

Precipitación acumulada entre sábado y domingo

En Azul, en el centro de Buenos Aires, la situación venía igual de ajustada. “Enero fue el enero más seco de mi vida profesional: hicimos 13 mm en todo el mes”, cuenta el productor Hernán Moreno. Allí cayeron entre 24 y 40 mm en los últimos días. “Le viene bárbaro, pero es poco”, dijo. Explica que la lluvia frena la caída del rinde, aunque todavía falta agua. En esa zona, el maíz de primera se siembra un poco más tarde que en regiones más al norte y “todavía está en carrera”. Si bien reconoce que ya se perdieron kilos potenciales, el rendimiento no está definido: en un año ideal podrían aspirar a 10.000 kg, pero hoy el escenario es de 7000 a 8000 kg en los mejores ambientes si el clima acompaña. En soja, agregó, “el rinde se define mucho en febrero”, por lo que si siguen las lluvias todavía se puede aspirar a una cosecha cercana a lo normal.

Más al sudoeste, en Coronel Pringles, el ánimo también cambió. “Fue una lluvia bendecida”, resumió Willy Villaverde, secretario de la Sociedad Rural local. En la zona cayeron entre 30 y 60 mm. Allí el maíz de primera está atravesando el llenado de grano, un momento clave en la definición del rendimiento. Por eso el agua llega en una etapa fundamental: permite sostener el peso del grano y asegurar el potencial que todavía está en juego. “Es como regar la planta”, graficó. Por ahora no están evaluando pérdidas, aunque coinciden en que hará falta que las lluvias continúen para consolidar el escenario.

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