“Pensaba que las personas que decían que el ejercicio es divertido mentían", dice Lee Anglea, de 57 años“Pensaba que las personas que decían que el ejercicio es divertido mentían", dice Lee Anglea, de 57 años

Ellos odiaban hacer ejercicio: los medicamentos para bajar de peso lo cambiaron todo

2026/03/01 19:00
Lectura de 7 min

NUEVA YORK.― Jamie Selzler temió el ejercicio desde que tuvo uso de razón. Entre sus 20 y 30 años, a medida que su peso aumentaba, se obligaba a ir al gimnasio. Pero mientras pedaleaba y levantaba pesas, no lograba escapar de la imagen mental de Jillian Michaels, entrenadora de The Biggest Loser, gritándole que se esforzara más, que perdiera más. A menudo se recompensaba por perseverar coronando sus entrenamientos con un banquete, por lo general comida rápida. Con el tiempo, ya entrados los 40, había subido tanto de peso que le costaba caminar hasta el buzón de su casa.

En 2023, Selzler temió quedarse completamente inmóvil y empezó a tomar el fármaco adelgazante Wegovy. Después de varios meses, a medida que bajaba de peso y la actividad se volvía más fácil, se sorprendió al descubrir que esperaba con gusto sus caminatas diarias por su vecindario en Fargo, Dakota del Norte. Cuando levantaba pesas en casa, disfrutaba sintiendo cómo se contraían sus músculos. Por primera vez, dejó de ver el ejercicio como una forma de quemar calorías y empezó a sentirse orgulloso de lo que su cuerpo era capaz de hacer.

Ahora camina o practica senderismo diariamente en parques locales y hace entrenamiento de fuerza cuatro veces por semana. “Me enamoré de la actividad física de una forma que no esperaba”, dice Selzler, de 47 años. Hace poco se certificó como entrenador personal.

Para muchos estadounidenses, los medicamentos para bajar de peso están transformando la manera en que piensan y sienten el ejercicio

Para muchos estadounidenses, los medicamentos para bajar de peso conocidos de forma general como GLP-1 están transformando la manera en que piensan y sienten el ejercicio y, en algunos casos, redefiniendo una relación marcada durante mucho tiempo por la vergüenza.

Descubrimientos

En entrevistas, más de una decena de personas que toman medicamentos como Ozempic para tratar la obesidad o la diabetes dijeron que estaban descubriendo que, liberadas de la presión de ejercitarse para quemar calorías o kilos, eran capaces de conectar más con lo que realmente disfrutaban del movimiento. Y en lugar de ver el ejercicio como un castigo por comer en exceso —o comer como una recompensa por hacer ejercicio—, ahora lo experimentaban como un camino hacia el bienestar.

“Cuando las personas intentan perder peso sin estos medicamentos, suelen estar absorbidas por los detalles de cuánto comer o cuánto moverse –afirma Summer Kessel, dietista titulada especializada en manejo de la obesidad, quien también toma Zepbound–. La mayoría de la gente no tiene espacio mental mientras hace dieta para decir: ‘¿Por qué odio el ejercicio?’. Los medicamentos pueden liberar a las personas para tomar decisiones distintas sobre el ejercicio”.

Durante décadas, la industria del fitness ha estado vinculada con la pérdida de peso, suma Renee Rogers, fisióloga del ejercicio e investigadora de la obesidad en el Centro Médico de la Universidad de Kansas, a pesar de que el ejercicio por sí solo no suele ser una estrategia eficaz para bajar de peso. “Con el auge de estos medicamentos, los profesionales del ejercicio tienen la oportunidad de ayudar a las personas a redefinir el papel del movimiento en su vida”, dice.

“Ahora veo la comida como combustible”

Muchas personas que toman estos medicamentos dijeron sentirse recién motivadas a entrenar fuerza, ya que algunas pruebas sugieren que existe una relación entre estos fármacos y la pérdida de masa muscular. Rogers afirma que aún no está claro si esta pérdida es causada directamente por la medicación o si es simplemente un efecto secundario de bajar una cantidad significativa de peso. Está llevando a cabo una investigación para intentar saber más.

Dana Greene, de 59 años, siempre había visto el ejercicio como una obligación, pero cuando empezó a tomar Mounjaro, de pronto se sintió entusiasmada por usar las máquinas de pesas de su gimnasio.

“Con el auge de estos medicamentos, los profesionales del ejercicio tienen la oportunidad de ayudar a las personas a redefinir el papel del movimiento en su vida”, dice Renee Rogers, fisióloga del ejercicio

Había pasado varios años cuidando a su madre, quien se había vuelto completamente sedentaria. Cuando nació la nieta de Greene, su madre estaba demasiado débil para sostenerla en brazos. “Me costó mucho ver esto”, dijo, y agregó que pensó: “Esto no me va a pasar a mí”.

Dos años después de haber empezado el medicamento, un gran roble cayó en su propiedad. En el lapso de dos fines de semana, había cortado y retirado el árbol por completo. “Mi papá, mi hermano, todos decían: ‘no lo puedo creer’. Lo hice todo yo sola”, contó.

Para algunas personas, estos medicamentos también contribuyen a que el ejercicio sea físicamente más cómodo, tanto al facilitar la pérdida de peso como, potencialmente, al reducir la inflamación.

Cuando Lee Anglea, de 57 años, empezó a tomar Mounjaro, en 2024, sentía un dolor constante en los tobillos, las rodillas, las caderas y la parte baja de la espalda. A menudo utilizaba un bastón. “Me aterrorizaba hacer ejercicio. Si intentaba caminar, me dolía durante días”.

“Me aterrorizaba hacer ejercicio. Si intentaba caminar, me dolía durante días”, dice Angela

Hoy recuerda que, poco después de tomar la primera dosis, el dolor disminuyó y fue aumentando gradualmente la cantidad de pasos diarios. También empezó a hacer entrenamiento de resistencia y yoga en silla. Se sentía cada vez mejor y le encantaba cómo el movimiento aquietaba su mente.

“De verdad pensaba que las personas que decían que el ejercicio puede hacerte más feliz y que el ejercicio es divertido no estaban diciendo la verdad. No podía entender cómo eso siquiera podía ser posible. Ahora, es una alegría absoluta”, dice.

El año pasado, cuando cruzó la línea de meta de su primera carrera de 5 kilómetros, se emocionó. “Lloré como un bebé. Simplemente no podía creerlo”, recuerda.

Algunas personas que toman estos medicamentos también descubren que su nuevo deseo de hacer ejercicio las ayuda a ver la comida como una fuente vital de energía en lugar de como un obstáculo para su salud.

“Durante muchos años, antes de tomar GLP-1, veía la comida como la recompensa por moverme”, dijo Selzler. “Ahora veo la comida como combustible para mi movimiento”.

“Es como un arma de doble filo”

No todo el mundo que toma un medicamento para perder peso ha tenido una experiencia tan positiva con el ejercicio. Los foros en línea están llenos de conversaciones sobre la dificultad para superar la fatiga o los efectos secundarios gastrointestinales de los medicamentos, que pueden dificultar el movimiento.

Para algunos, esto puede deberse a no comer o hidratarse lo suficiente, ya que los medicamentos actúan en parte reduciendo el apetito y también pueden reducir la sed.

Y con todo el énfasis puesto en la conservación de la masa muscular, algunas personas dan prioridad a las proteínas en detrimento de una dieta equilibrada con líquidos en abundancia, que puede mejorar la resistencia y la fuerza, dijeron los expertos.

Para Becky Hinman, de 38 años, jugadora recreativa de tenis de competición, Zepbound fue “una especie de arma de doble filo”. Si bien bajar de peso le alivió el dolor de su rodilla y la volvió más rápida en la cancha, se fatigaba más rápidamente y le costaba completar un partido de individuales. Con el tiempo, redujo la dosis y mejoró su nutrición e hidratación, y descubrió que los efectos secundarios disminuyeron.

“No pienso volver”

La industria del fitness se está adaptando lentamente a un mundo en el que las promesas de una pérdida de peso dramática ya no atraen a la gente. Algunos profesionales del fitness ven los medicamentos para bajar de peso como una amenaza, mientras que otros han respondido promocionando programas de ejercicio diseñados específicamente para personas que los toman.

Rogers, que ha estado trabajando con el American Council on Exercise (ACE por sus siglas en inglés, Consejo Americano del Ejercicio) para educar a los profesionales del ejercicio sobre estos medicamentos, desconfía de estos programas, ya que no está claro en qué evidencia se basan.

En cambio, Rogers ve los fármacos como una oportunidad para ayudar a más personas a encontrar placer y sentido en el ejercicio, y para descubrir qué funciona mejor para ellas.

“No podemos ignorar que las personas que no se identifican con el ejercicio o que han tenido experiencias negativas pueden necesitar un poco más de apoyo para conseguirlo”, dijo.

Selzler ahora no puede imaginarse una vida sin hacer caminatas largas por los parques de Dakota del Norte o sin ver cómo mejora su press de banca en el gimnasio. “Es como si hubiera salido de la cárcel, y no pienso volver”, dice.

Por Danielle Friedman

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