SAN NICOLÁS.- Motivados para generar mayor eficiencia en sus lotes, los productores también generaron un boom de consultas durante Expoagro en otro rubro: los drones agrícolas, que pueden cubrir hasta 30 o más hectáreas por hora y a costos muy inferiores a los de una pulverizadora terrestre. Productores y contratistas empiezan a incorporarlos como herramienta habitual de aplicación, por lo que este tipo de tecnología acelera su adopción, impulsada por una rápida amortización y nuevas opciones de financiamiento.
Lo que hace pocos años era una tecnología incipiente, hoy empieza a consolidarse como una herramienta concreta para resolver problemas operativos del campo: ingresar a los lotes en el momento preciso, evitar el pisoteo del cultivo y realizar aplicaciones con mayor precisión. Cada firma apuesta por características diferentes: mayor capacidad, productividad o respaldo agronómico.
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Para Guillermo Schumacher, gerente general de Tekron, el crecimiento del mercado está directamente relacionado con la rápida evolución tecnológica de los equipos. La empresa presentó el T100, un dron de última generación que, según la compañía, marca un salto importante en productividad respecto a los modelos anteriores. Según explicó, el equipo puede trabajar entre 30 y 35 hectáreas por hora en cultivos extensivos, prácticamente el doble que su antecesor.
“Hace tres años un dron hacía cinco o seis hectáreas por hora. Hoy estamos hablando de 30 a 35 hectáreas por hora, lo que muestra la velocidad con la que evolucionó esta tecnología”, señaló.
El equipo incorpora cámara LiDAR (Light Detection and Ranging) para realizar escaneos 3D de alta precisión, mapeo topográfico y fotogrametría radar de mayor tamaño y un nuevo sistema de pulverización con brazos separados de la unidad. Tiene capacidad para transportar hasta 150 litros de caldo o 100 kilos de carga, lo que amplía su rango de aplicaciones.
“El dron no pisa el cultivo y el operador no está expuesto al fitosanitario, porque maneja el equipo a distancia. Eso representa un avance importante en términos de eficiencia y seguridad”, sostuvo. Los equipos de mayor tamaño rondan actualmente los US$42.000, mientras que otros modelos se ubican en torno a los 35.000, y en muchos casos se amortizan en un año de trabajo.
El nuevo escenario favoreció la aparición de nuevos modelos de negocio, especialmente entre prestadores de servicios. “Estamos viendo muchos casos de agrónomos o jóvenes profesionales que juntan capital y empiezan a ofrecer servicios con drones. Es una puerta de entrada al agro para perfiles nuevos”, explicó.
En 2024 había menos de 500 drones operando en la Argentina, las estimaciones para 2026 apuntan a un parque cercano a las 3000 unidades. “Hace cuatro años prácticamente no existía el técnico de drones. Hubo que formar ese perfil profesional. Hoy el productor tiene capacitación, servicio técnico y repuestos, y eso genera confianza para adoptar la tecnología”, indicó.
Fiorela Baruzzo, directora comercial de SummitAgro, explicó que la empresa decidió incorporar drones a su estrategia como parte de una transformación más amplia del agro hacia sistemas productivos más tecnológicos y eficientes. La compañía lanzó recién los drones agrícolas. Actualmente, en el país se aplican alrededor de 2,5 millones de hectáreas con drones, aunque el crecimiento proyectado es muy fuerte. En los próximos cuatro o cinco años, la superficie tratada con esta tecnología podría alcanzar hasta el 30% del total aplicado.
Para Baruzzo, los equipos permiten ingresar al lote en el momento exacto en que se necesita realizar un tratamiento, algo que muchas veces resulta difícil con maquinaria terrestre, especialmente cuando el cultivo está desarrollado o el suelo presenta condiciones de humedad. Evitan el pisoteo del cultivo y permiten realizar aplicaciones de bajo volumen: reducen el uso de insumos y el impacto ambiental.
“El productor también ve que la inversión necesaria para comprar un dron es mucho menor que la que requiere una pulverizadora terrestre, lo que facilita el acceso a la tecnología”, explicó.
“Es una salida laboral nueva para muchos jóvenes que terminan sus estudios y encuentran en los drones una oportunidad para trabajar en el sector agropecuario”, sostuvo.
Sin embargo, la ejecutiva advirtió que el crecimiento de la tecnología debe ir acompañado de conocimiento agronómico para evitar errores en la adopción. “Lo peor que puede pasar es que el productor adopte mal la tecnología y la termine descartando. Por eso es clave acompañar con capacitación, ensayos y transferencia de conocimiento”, explicó.
Mateo Donnelly, de Villanueva Drones para la marca GTEEX, explicó que la apuesta de la empresa está centrada en la productividad y la capacidad operativa de los equipos. La firma presentó el modelo King 150 Max, que define como el dron agrícola más grande del mercado. El equipo fue desarrollado pensando en grandes extensiones agrícolas, especialmente en países como Brasil, donde la adopción de drones está más avanzada.
“En una jornada laboral de 10 horas puede cubrir alrededor de 700 hectáreas, lo que lo convierte en uno de los drones más productivos del mercado”, señaló. La empresa también comercializa el King 100, un modelo de menor tamaño con capacidad de 70 litros que puede trabajar entre 300 y 400 hectáreas por día, dependiendo de las condiciones de operación.
Según Donnelly, una de las principales diferencias de estos equipos es el ancho de trabajo, lo que permite aumentar la eficiencia de las aplicaciones. También se destaca la autonomía de vuelo, que en el modelo más grande alcanza los 14 minutos por batería, mientras que muchos drones del mercado operan entre siete y diez minutos.
Durante cada vuelo, el equipo puede cubrir aproximadamente 10 hectáreas antes de realizar el recambio de batería y la recarga del tanque. “El productor hoy busca mayor productividad, más hectáreas por hora y una mejor calidad de aplicación. Esa fue una de las necesidades que vimos en el mercado y por eso decidimos traer esta tecnología”, explicó.


