“¿Sabrías mi nombre si te viera en el cielo?", se pregunta Eric Clapton en los primeros acordes de su famosa canción “Tears in heaven”. Esa duda que plantea no es solo producto de un recurso poético, sino que está basada en una vivencia y tiene como protagonista a su hijo, Conor. Y es que con este himno de la historia del rock, expuso a flor de piel cómo vivió el duelo por la pérdida del pequeño de cuatro años que cayó del piso 53 de un rascacielos en Nueva York y dejó en él marcada a fuego la huella más profunda de su vida. A 35 años de aquel fatídico día, la cronología del hecho que marcó un antes y un después para el artista.
Ya había transcurrido gran parte de marzo de 1991 y Nueva York se despedía del invierno para darle la bienvenida a la primavera. En esos días, Eric Clapton estaba en la ciudad y había pautado con su expareja, Lory Del Santo, que se encontrarían allí para que él pasara tiempo con el hijo que tenían en común, Conor, de cuatro años y medio. El músico y la modelo italiana se conocieron en 1985 cuando él aún estaba casado con Pattie Boyd. Aunque tuvieron muchas idas y vueltas, la relación no prosperó. Sin embargo, se veían en algunas ocasiones y esta visita a la Gran Manzana fue una de ellas, aunque los dos tenían claro que no era por un motivo amoroso, sino que querían que el músico se vinculara más con el pequeño y estuviera más presente en su vida.
Lory le contó a Conor los planes. Ansioso porque llegue el momento del reencuentro, el niño, que recién comenzaba a garabatear algunas letras, le dijo a su madre que quería escribirle algo a su papá. Ella le dio un papel y un lápiz y lo ayudó a plasmar un breve mensaje. Lejos de dejarlo allí, ella tuvo un gesto improvisado: decidió enviárselo por correo a la casa del músico en Londres con la idea de que en algún momento, entre toda su correspondencia, la reciba de sorpresa y le saque una sonrisa.
En Nueva York, madre e hijo se instalaron en el piso 53 de un complejo de departamentos situado en el 117 de la calle 57 Este de Manhattan, un lujoso condominio con una ubicación privilegiada cerca de Central Park. Lory tenía planeado pasar allí varios días para compartir las fiestas de Pascua con el músico. Conor estaba muy emocionado por el reencuentro.
Fue así como el martes 19 de marzo por la tarde, Clapton llegó para pasar a buscar a su hijo y sorprenderlo con el lugar al que eligió llevarlo: un circo en Long Island. “Era la primera vez que lo sacaba solo y estaba nervioso y emocionado a la vez. Fue una noche estupenda. Conor no paró de hablar y estaba especialmente emocionado al ver a los elefantes. Me hizo darme cuenta por primera vez de lo que significaba tener un hijo y ser padre”, escribió el músico en su autobiografía (Eric Clapton–The Autobiography, publicada en 2007).
Feliz por la gran velada y el tiempo que habían compartido, llevó al niño de regreso con su madre. Arreglaron que al día siguiente pasaría a buscarlos, esta vez, para ir los tres al zoológico de Central Park. Mientras Conor no dejaba de mostrar su entusiasmo por los payasos y los elefantes, Eric se sinceró frente a Lory y le dijo que, a partir de ese momento, tenía la intención de ser un padre ejemplar. Se despidió de ellos, caminó las diez cuadras que lo separaban del hotel Mayfair Regent donde se hospedaba, y se fue a descansar. Cuando despertó, se alistó para cumplir con la promesa que le había hecho a su hijo apenas horas antes de llevarlo a ver más animales, pero una llamada lo cambió todo y, los pocos segundos que duró, desató un tsunami que lo marcó para siempre. Y no solo ese día, sino todos los que siguieron en su vida.
“Sonó el teléfono y era Lory gritando que Conor había muerto. Pensé para mis adentros: ‘Esto es ridículo’. ¿Cómo puede estar muerto?’. Me dijo que se había caído por la ventana”. En los segundos que siguieron al colgar el teléfono, el músico salió a la calle y durante el trayecto hacia el departamento intentó convencerse de que había un error, que no podía ser real y que su idea de visitar el zoológico con su hijo seguía en pie porque nada malo había pasado. Pero, cuando llegó y vio a la Policía y a las ambulancias en la entrada, lo comprendió. O, al menos, eso intentó.
“Pude averiguar qué había pasado sin siquiera tener que entrar en la habitación. La sala principal tenía ventanas que iban del suelo al techo y que podían abrirse para limpiarlas. Sin embargo, no había rejas, ya que el edificio era un condominio y no estaba sujeto a las normas de construcción habituales. El conserje estaba limpiando las ventanas y las había dejado abiertas temporalmente. Conor corría por el departamento jugando al escondite con su niñera, y mientras Lory estaba distraída, él simplemente entró corriendo en la habitación y salió directamente por la ventana. Cayó 49 pisos antes de aterrizar en el tejado de un edificio contiguo de cuatro plantas”, recordó.
En una entrevista con News of the World, Lory Del Santo habló de la fatídica mañana en la que vio a su hijo por última vez, aún con el pijama puesto y unas zapatillas rojas: “La ventana estaba abierta. Eric venía a recoger a Conor. Oí el fax y lo revisé antes de ir a ver a Conor. Entré una fracción de minuto demasiado tarde. Ya se había ido. Si no hubiera revisado el fax, todavía estaría vivo. Cuando le conté a Eric lo que había pasado, se quedó paralizado. Fue como si dejara de funcionar. No dijo nada, todo era tan irreal. Cuando Conor murió, la relación entre Eric y yo murió”. Asimismo, aseguró: “Durante los cinco años posteriores al accidente, apenas sentía que estaba allí, casi no me sentía viva. Era como un zombi y simplemente no podía soportarlo”.
El 20 de marzo el New York Times se hizo eco de la noticia. “Todo parece indicar que se trató de un trágico accidente”, declaró conmocionado en ese momento el portavoz de la Policía, el capitán Stephen Davis, cuando la prensa le preguntó detalles de lo ocurrido.
Philip Norman, biógrafo del músico y autor de Slowhand: The Life and Music of Eric Clapton, hizo mención al trágico episodio en su libro y se refirió al vínculo especial que el músico había comenzado a forjar con el pequeño: “Eric estaba encantado con Conor. Se había convertido en su compañero. Lo estaba esperando para llevarlo a pasear ese día. Normalmente, Conor entraba corriendo a la habitación y pegaba la nariz al cristal de la ventana. Pero ese día no estaba. Simplemente salió. Fue la tragedia más terrible, horrible e inimaginable”.
Lory Del Santo se quedó una semana más en el departamento donde pasó los últimos días con su hijo vivo: “Después de eso, nunca volví. Nunca guardé ninguna de las prendas ni juguetes de mi hijo. No puedo soportar ver ninguna foto de Conor, pero su rostro es claramente visible en mi mente".
Atravesada por el dolor de la pérdida, Lory le dijo a Eric que no iría a la morgue a reconocer el cuerpo porque no se sentía capaz de pasar por ese momento. Al músico no le quedó otra opción. “Tuve que identificarlo yo solo. Recuerdo mirar su hermoso rostro en reposo y pensar: ‘Este no es mi hijo’. Se parece un poco a él, pero se ha ido. Volví a verlo a la funeraria para despedirme y disculparme por no haber sido un mejor padre”. Nueve días después tuvo lugar el funeral en Inglaterra, en la iglesia de Santa María Magdalena. “Miré su ataúd y simplemente no pude hablar. Cuando salimos del cementerio, nos encontramos con una multitud de reporteros y fotógrafos y simplemente no me importó. Lo único que quería era que terminara”, sostuvo.
“Parecía irreal ver esa pequeña caja de madera. Nunca vi llorar a Eric, pero cada uno vive el duelo de forma diferente. Yo lloré todos los días durante cuatro años y no pasa un solo día sin que piense, hable o rece por Conor. La noche del funeral me quedé con Eric en su casa, el mismo lugar donde al principio todos vivimos felices juntos, y rezamos y rezamos toda la noche", rememoró Del Santo sobre aquel día, además de describir que durante años tuvo pesadillas. “Oía la voz de mi hijo pidiendo ayuda”.
Sumido en la tristeza más profunda, Clapton se aisló en su casa de Londres y sintió que ya no podía más. No quería interactuar con nadie, no quería compartir su dolor. Recibía muy pocas visitas y la única vía de comunicación con el mundo exterior en ese momento era la correspondencia. Durante uno de esos tristes días de duelo, y como una jugada cruel del destino -si es que podía haber algo más-, al abrir una de las tantas cartas de condolencias que recibió, había una que terminó por partir su corazón en dos: la que Conor le escribió con ayuda de Lory apenas unas semanas atrás. “Me decía cuánto me extrañaba y que tenía muchas ganas de verme en Nueva York. Había escrito: ‘Te quiero’. Fue desgarrador”. Lory, recordó también la escena: “Yo estaba allí cuando Eric recibió su correo justo después del funeral, lo abrió y era la carta de Conor. Es un momento que jamás olvidaré“.
Años después, en el documental sobre su vida, El patrón del blues (2017), el músico hizo mención el significado que tuvo la tragedia en su vida y en su lucha contra las adicciones: “En ese momento me di cuenta de que si podía pasar por aquello sin beber, podría hacer cualquier cosa”.
Según el propio Clapton contó, los primeros meses tras la muerte de su hijo quedó en un estado de shock. Dividió su tiempo entre sus casas en Inglaterra y Antigua. Allí se refugió en la música, mientras asistía a las reuniones de alcohólicos anónimos. “Permanecí tocando la guitarra. Al principio, simplemente tocaba sin ningún objetivo. Luego, las canciones empezaron a surgir. La primera en tomar forma fue “Circus”, sobre la noche en que Conor y yo fuimos al circo, nuestra última noche juntos. Más tarde escribí una canción que vinculaba la pérdida de Conor con el misterio que rodeaba la vida de mi padre, titulada “My Father’s Eyes”(“Los ojos de mi padre”). En ella intenté describir el paralelismo entre mirar a los ojos de mi hijo y ver los ojos del padre que nunca conocí, a través del vínculo de nuestra sangre”. Pero, sin dudas, la más potente fue “Tears in heaven”: “La escribí para plantear la pregunta que me he estado haciendo desde la muerte de mi abuelo: ¿Nos volveremos a encontrar de verdad? Es difícil hablar de estas canciones en profundidad; por eso son canciones. Su nacimiento y desarrollo fue lo que me mantuvo con vida durante el período más oscuro de mi vida. Cuando intento regresar a ese tiempo, a recordar el terrible entumecimiento en el que vivía, me estremezco de miedo. No quiero volver a pasar por algo así jamás”.
El biógrafo de Clapton reveló que esta canalización fue lo que lo ayudó a salir adelante: “Por un giro cruel del destino, se convirtió en el disco más exitoso que jamás haya publicado. Así fue como lo superó”. Además, detalló que cuando Conor murió, Clapton llevaba tres años sobrio tras luchar contra el abuso de drogas y alcohol durante más de una década: “Intentaba vencer el alcoholismo cuando su hijo era solo un bebé, pero fue la muerte de Conor lo que realmente lo convenció de que nunca volvería a beber”.
Aunque compuso los temas para sobrellevar el duelo y no con la idea de que formen parte de algún álbum, en un momento esa idea cambió. Durante la sesión de su MTV Unplugged-nueve meses después de la muerte de Conor- “Tears in heaven” sonó por primera vez en vivo ante el público y pasó a convertirse en patrimonio de la música: “Después de lo que me pasó y la pérdida de mi hijo, creo que mi público se sorprendería mucho si no hiciera alguna referencia a ello. Y no querría ofenderlos al no incluirlos en mi dolor de alguna manera. Así que tengo la intención de dar a conocer estas canciones, las tocaré en concierto y las grabaré. Para mí es un proceso de sanación, y creo que es importante compartirlo con la gente que ama mi música”.
Eric Clapton y por qué incluyó "Tears in heaven" en el unpluggedEn ese sentido, señaló: “Sentía la necesidad de interpretar estas nuevas canciones sobre mi hijo y creía firmemente que estaban destinadas a ayudarme no solo a mí, sino a cualquiera que hubiera sufrido o fuera a sufrir una pérdida tan extraordinaria”. “Tears in heaven” fue parte de la banda de sonido de la película Rush y lanzada en el álbum Unplugged, de 1992, el cual le valió varios premios Grammy.
A continuación, la letra completa: ¿Sabrías mi nombre si yo te viera en el cielo?/ ¿Sería lo mismo si yo te viera en el cielo?/ Debo ser fuerte y continuar porque sé que no pertenezco aquí en el cielo/ ¿Sostendrías mi mano si yo te viera en el cielo?/¿Me ayudarías a levantarme si yo te viera en el cielo?/ Encontraré mi camino a través de la noche y el día, porque sé que simplemente no puedo quedarme aquí en el cielo/ El tiempo puede derribarte/ El tiempo puede doblar tus rodillas/ El tiempo puede quebrar tu corazón, tenerte rogando por favor/ Más allá de la puerta hay paz, estoy seguro, y sé que no habrá más lágrimas en el cielo.
La canción fue un puñal para Del Santo durante los primeros años tras la muerte de Conor, al punto tal que tardó mucho tiempo en poder oírla. En una entrevista que concedió en 1999, aseguró: “Cada uno lleva el duelo a su manera. Sé que Eric es una persona muy introspectiva. Nunca hemos hablado sobre lo que le sucedió a Conor. No lo necesitamos porque no hay palabras y ambos lo sabemos".
Fragmento de "Circus" de Eric ClaptonSin embargo, con el correr de los años, la exmodelo presentó en el programa de televisión un tesoro que tenía guardado: una serie de grabaciones que muestran a Conor en un día de playa, en el living de su casa con una guitarra en las manos mientras baila al ritmo de la canción “Knocking On Heaven’s Door” de Bob Dylan. “Soy la única que tiene grabaciones de Conor tal como era. Durante años no pude obligarme a verlas. Era demasiado doloroso. Las mantuve guardadas bajo llave. Ahora quiero recordar cómo vivió, no cómo murió”.
En 1985 Clapton, de por entonces 40 años, estaba casado con Pattie Boyd. Durante una gira por Italia conoció a la modelo Lory Del Santo y comenzaron una relación. De a poco surgió la idea de tener hijos, pero la ilusión duró poco. Ya vivían juntos cuando él le dijo que quería reconciliarse con su ex. Pero, para ese entonces ella le contó que estaba embarazada. El músico regresó a Inglaterra para ver a su expareja y contarle que iba a ser padre: “Pattie quedó completamente destrozada, y a partir de entonces nuestra vida juntos fue un infierno”.
En esos años, Clapton estaba sumido en el alcohol. Los meses pasaban y el embarazo de Lory estaba por llegar a término. Ella decidió que su hijo iba a nacer en Inglaterra y no en Italia. Conor vino al mundo el 21 de agosto de 1986 en el Hospital St. Mary’s de Paddington y marcó un punto de inflexión en la vida del músico: “Tenía la increíble sensación de que aquello iba a ser lo primero real que me iba a pasar en la vida. Cuando por fin nació, me lo dieron para que lo sostuviera. Me quedé fascinado y me sentí muy orgulloso, aunque no tenía ni idea de cómo sostener a un bebé”. El álbum August de Clapton, lanzado en noviembre de ese año, se llama así en honor al mes en el que nació el pequeño.
Aunque intentaron en varias oportunidades recomponer el vínculo de pareja, se dieron cuenta de que no funcionaba. Lory volvió a Italia con el bebé y acordaron que Clapton lo visitaría asiduamente. Pero, en ese entonces, el alcohol aún hacía estragos en su vida y, mientras pasaba tiempo con su hijo, solo pensaba en beber. Por el niño fue que decidió volver a rehabilitación en noviembre de 1987: “Los mejores momentos de mis primeros años de sobriedad los pasé con mi hijo y su madre. Conor era un niño guapo, rubio y de ojos marrones. Era precioso, de carácter dulce y encantador, que ya caminaba al cumplir un año. Todo el que lo conocía lo adoraba. Era un angelito, de verdad, un ser divino”.
La muerte de Conor no solo devastó la vida de sus padres sino que los separó por completo. Tiempo después, Lory Del Santo rehizo su vida y fue madre dos veces. Sin embargo, la vida la iba a poner otra vez a prueba con un duro golpe cuando, en 2018, el menor de ellos se quitó la vida. Tenía 19 años. “Me he estado torturando intentando imaginar si se podría haber hecho algo para ayudarlo, pero en casos como este no hay mucho que se pueda hacer”, aseguró la exmodelo en declaraciones al medio Corriere della Sera.
De Clapton se supo tras la muerte de Conor que tenía una hija llamada Ruth, nacida el 12 de enero de 1985, fruto de una relación extramatrimonial que tuvo con una directora de estudios de grabación llamada Yvonne Kelly. De hecho, según contó en su autobiografía, fue gracias a la niña que pudo atravesar el duelo: “Pude volver a tener un hijo en brazos y ser abrazado por uno. Ella fue un gran apoyo. No tenía ni idea del poder que un hijo puede tener en la vida de un adulto, de lo mucho que puede hacerte sentir valioso, único y fuerte”. El 13 de julio de 2001, junto a su esposa desde hace más de 25 años, Melia McEnery, le dieron la bienvenida a su hija Julie Rose; el 14 de enero de 2003 llegó Ella May y el 1 de febrero de 2005 Sophie Belle.
Aunque Eric Clapton y Lory Del Santo comparten el mismo dolor desde hace 35 años, y para ella lo más difícil fue que tuvieron que “afrontar el final de un sueño que apenas comenzaba”, él supo convertir la ausencia de su hijo en un recuerdo eterno que vuelve cada vez que, en alguna parte del mundo, suenan los acordes de la canción más triste y desgarradora de la historia del rock.


